Un buen concepto de Lectura
Por Rosa Urania De la Cruz Ovalle
Es imprescindible al momento de leer tener bien definido un concepto eficaz de lo que es una buena lectura. Tener claro lo que es una lectura abarcadora y holística aportaría beneficios satisfactorios y de provecho para la confrontación de conocimientos.
Hay quienes conceptualizan la lectura de forma tal que lo que hacen es reducirla al simple reconocimiento de fonemas, monemas, oraciones y párrafos y hacen de la lectura un ejercicio mecánico y repetitivo de las unidades lingüísticas de un determinado texto. Este tipo de lectura nada aporta a la construcción de conocimiento.
Otra forma muy común de ver la lectura es aquel donde sólo se busca el significado a palabras aisladas y limitan la lectura a un simple extracto, que sólo contribuye a desnaturalizar, más bien a mutilar el texto con ideas fragmentarias y con reconocimiento de unidades descontextualizadas muy lejos de una visión textual totalizadora.
Otro nivel de lectura es aquel que se centra en la búsqueda de la macroestructura y grandes ideas del texto o lo que llamamos idea central. Se limita a dar una significación a las proposiciones y párrafos, llevando a cabo una práctica memorística de repetir ideas sin llegar a la reflexión de lo leído.
Otra práctica llevada a cabo al momento de leer es aquella donde se busca la macroestructura semántica, se aprenden las grandes líneas y se hace del texto una síntesis sustancial, pero no llega a la etapa de confrontación de lo leído con saberes previos y a la comparación intertextual. También está ausente la interrelación entre los sujetos del texto (autor, lector), la criticidad y la creación del texto.
No quiero enjuiciar o etiquetar cada una de las prácticas que normalmente se llevan a cabo cuando se lee. Estas no son del todo negativas, en realidad todas dan sus frutos, especialmente las últimas dos de las que hice mención. Ahora bien, el concepto de lectura que propongo engloba y supera las anteriores.
Los maestros necesitamos asumir un concepto de lectura que implique ejecutar estrategias que llevan a la búsqueda de la macroestructura samántica y grandes líneas del texto. Se lleve a cabo un proceso donde el lector sea capaz después de leer, de hacer una conceptualización de conocimiento, asímismo que entre en juego la confrontación de saberes previos con lo leído, y comparación con otros autores que hayan abordado el tema en cuestión, o lo que en análisis del discurso se llama comparación intertextual. Se debe propiciar que el lector llegue a la reconstrucción de un nuevo texto a partir de la profunda reflexión y análisis de la lectura que acaba de realizar.
Es importante que los maestros partamos de un concepto amplio, útil y eficaz de la lectura, porque de esto depende que la misma se convierta en un medio didáctico, productivo; o un trabajo tedioso y estéril. La lectura tiene la particularidad de ser multifacética por lo que con ella se puede trabajar de manera muy heterogénea como de hecho ha sucedido. Por lo que no basta leer, hay que saber leer para aprovechar al máximo el tiempo, las energías y capacidades creativas del alumnado.
Pero hay más, la aplicación de un concepto infecundo puede producir frustración y adversión a la lectura, por el contrario, un método que parta de un concepto creativo y liberador de la lectura puede producir entusiasmo, interés y hábito lector. De eso se trata, que revolucionemos nuestra práctica docente con la asunción de un concepto de lectura que implique un método que haga que el leer en vez de ser una tarea compulsvia sea una actividad voluntaria y placentera.