Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 419,
Edición 2
de junio del 2005, Rep. Dom.

La desintegración de la nación dominicana

Por Dr. Luis J. Báez del Rosario (CDP)

Hay crisis en nuestro sistema político de partidos, es una realidad que se proyecta en el complejo espectro nacional, y que se constata por las actitudes, contradicciones y escarceos de sus cúpulas dirigenciales, trascendiendo a la sociedad y estableciendo un distanciamiento por el descreimiento.

Los que somos comunicadores e interactuamos cotidianamente en nuestro entorno, contactamos con los diferentes segmentos sociales, ponemos oídos a las expresiones que suelen escapar ligeras y espontáneas de ciudadanos pensantes y comunes, entre otras, las más socorridas, “yo no creo en los políticos”, “los políticos son todos iguales”, “yo no voy a votar por nadie”, ellas reflejan desaliento, escepticismo, desconfianza, incertidumbre, frustracción, e insinúa que la curva del abstencionismo en las consultas electorales por venir puedan profundizarse aun más, es decir, en pocas palabras, que más dominicanos dejen de votar.

Y es que el comportamiento al desnudo de algunos políticos ha dado mucho que decir y desear ante la nación, pues no han tenido ningún comedimiento y escrúpulo para incurrir en acciones impúdicas y bochornosas, que degradan a sí mismos moral y cívicamente, que dañan a sus propios partidos por la imagen política desnaturalizada que proyectan, y porque dañan principalmente con el mal ejemplo a la sociedad.

Son algunos políticos y funcionarios enquistados en sus direcciones o posiciones gubernamentales, la administración pública, los que se convierten en especuladores de la política cual especies de corsarios, a semejanza de Sir Francis Drake, con la única diferencia que aquel robaba para la Corona Inglesa, estos para sí, en contradicción con uno de los pensamientos del Patricio Juan Pablo Duarte, aquel que dice, citamos: “La Política es la ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”, cuanto basilisco, cuanta podredumbre.

Esos políticos, con excepciones, que las hay en los partidos del sistema, practican con destrezas manuales increíbles la corrupción, pero también son corruptores, contaminan, contagian a otros con recursos ajenos, los recursos del pueblo, asaltando las arcas del Estado, privando a los pobres de la alimentación, salud, educación, vivienda y otras prerrogativas sociales y humanas a las que tienen derecho, y que es deber del Estado garantizar.

Parte, no toda, de nuestra clase política, está hundiendo el país en el desastre, atrapándole en un callejón sin salida, llevándole a un abismo profundo, donde será un imposible rescatarle de sus pedregosas y trágicas fauces, la nación se está desintegrando a pedazos por culpa de quienes se han lucrado de ella ilícitamente desde el poder, en vez de servirle, y lo peor es que como espectadores de esa realidad somos indiferentes, porque a unos han comprado sus conciencias vulnerables, y a otros, por su insensible individualismo, poco importa lo que pase.

Hemos tenido, quizás alguien juzgue de exceso mis consideraciones, o por alguna roncha conductual me conceptúe de atrevido, necio y epítetos más fuertes todavía, pero desde los orígenes de la República hasta nuestros días, sobre todo las últimas décadas, han habido Gobernaciones, no Gobiernos, Gobernadores y no Presidentes, sencillamente, los hechos lo explican, quienes han dirigido los destinos de la nación no han tenido la dignidad, valor y responsabilidad de hacer respetar nuestra Soberanía frente a ingerencias e imposiciones de potencias y otras naciones, en términos políticos, económicos, migratorios y de otra naturaleza, cediendo a presiones, chantajes e intimidaciones por conveniencias espúreas y supranacionales.

Países indígenas, por debajo de la línea de pobreza, como escollo natural un índice de analfabetismo inferior al de la población dominicana, casos: Ecuador, Perú, Bolivia, y otros, para ejemplarizar, han hecho respetar su dignidad como pueblos y valer sus derechos con relación a sus recursos naturales, patrimonios, escándalos de corrupción y otras situaciones que afectan sensitivamente a sus sociedades.

Los dominicanos, ocultarlo o negarlo sería hipocrecía o absurdo, somos hoy día una deshonra y vergüenza, somos el “Pato Feo” del Caribe, en medio de un mar agitado, embravecido por la corrupción pública y privada, la delincuencia, violencia, criminalidad, desintegración moral, cívica, económica, política, social, estamos dejando de ser lo que fuimos, perdiendo nuestra identidad como nación, como pueblo, que fueron la razón de luchas y sacrificios de nuestros héroes ancestrales y pasado reciente, hemos perdido el norte en el trayecto del sol, pronto, si no tenemos la voluntad de rectificar, no seremos nada, las casandras del fatalismo inscribirán lapidariamente su epitafio: “En esta fosa Antillana yacen los despojos de la que una vez se llamó República Dominicana”, y los sepultureros serán políticos de barro y gendarmes internacionales que pretenden imponernos irrespetuosamente las restricciones calamitosas de un FMI, un TLC, las ataduras de un vecino que no habla nuestro idioma, resentido y con una cultura diferente.

¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro rumbo?, no queremos ser pesimistas, pero nada halagüeño se avizora en el turbulento horizonte dominicano, imposible saberlo, pronosticarlo, hablan por sí mismo los hechos, debemos estar preparados y atentos a los acontecimientos, seamos capaces de prevenirlos y evitarlos con nuestras mejores y más sanas acciones, levantemos con denuedo la bandera del patriotismo, tengamos en nuestras luchas como escudo los pensamientos de Duarte, dignidad, firmeza, coherencia y consistencia en los propósitos para salvar al país de sus crisis, no desmayemos en la causa y cerremos el tropel desvastador de los jinetes del Apocalipsis dominicano.

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