Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 421,
Edición 2
de julio del 2005, Rep. Dom.

¿Por qué es importante el desarrollo de la autoestima en el hombre y la mujer de hoy?

Por Lic. Luz Minerva Jerez, M. A.

La autoestima es la impronta que llevamos de nuestra vida entera, es la percepción valorativa de mi ser y de mi manera de ser, de quién soy, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que conforman mi personalidad. Nuestra manera de percibirnos y valorarnos moldean nuestras vidas.

Cuanto más positiva sea nuestra autoestima más preparados estaremos para afrontar las adversidades, más posibilidades tendremos de ser creativos en la juventud, en la edad adulta y en la ancianidad y además encontraremos más oportunidades de entablar relaciones enriquecedoras, más inclinados a tratar a los demás con respeto y benevolencia, más contentos experimentaremos el hecho de vivir. La autoestima positiva es el requisito fundamental para la vida plena. (Branden, 1987).

La autoestima, es decir, la percepción y valoración de uno mismo, es un factor predominante en el proceso de crecimiento personal, no es un factor congénito de la personalidad, sino una conquista personal que se aprende en la interacción con el entorno, desde el comienzo de nuestras vidas. Puede cambiar, fluctuar según las experiencias del momento, pero la autoestima es una tarea permanente durante toda la vida. Se desarrolla a fuerza de afirmación, aprecio y aceptación recibida de los demás, de nosotros mismos y de nuestras experiencias vitales. Esta autoestima para que sea auténticamente humana y cristiana ha de ser solidaria, es decir, ha de tener muy en cuenta la estima y el respeto debido a los demás.

La manera de relacionarnos con los demás y nuestros comportamientos en general, influyen profundamente en nuestra autoestima. Los esfuerzos del educador y de los padres irán dirigidos a ayudar al hijo y al alumno a tomar conciencia de sus recursos y rasgos positivos y a utilizarlos para su propio desarrollo solidario, así como a reconocer y aceptar serenamente sus limitaciones. Le ayudará a robustecer y mantener su autoestima solidaria y lo hará usando preferentemente estrategias afirmativas, inspiradas en su consideración positiva e incondicional hacia todo tipo de persona.

Esa actitud positiva puede jugar un papel fundamental en la vida del adolescente dirigiendo sus impulsos, modificando sus emociones y ampliando sus conocimientos. Esa autoestima puede ser la fuente de una vida sana, feliz y creativa y, puede convertirse en el corazón de la propia vida. En resumen proponemos la autoestima como factor dominante en el crecimiento de la persona y la afirmación como método preferente para el desarrollo de la autoestima.

El hombre ha de conseguir una autoimagen positiva de su personalidad, para poder consolidar y potenciar su autoestima. Importa ahora aclarar el modo cómo mejorar la imagen personal. Digamos que, si la autoimagen es un hábito aprendido y luego largamente reforzado, del mismo modo puede y debe ser abandonado y sustituido por otro más benéfico y positivo.

¿Quién es la persona madura, humanamente desarrollada y completa? Respuesta nada fácil de dar, pero que aproximándonos al ideal podemos confesar: Hombre completo es el que sabe valorarse en su dignidad y, agradecido por ello, sabe vivir jubilosamente. De aquí que el proceso de mejora de la personalidad conlleve estos tres pasos:

• Amor de sí verdadero y profundo porque vive seguro de sí y libre de infravaloraciones obsesivas. Vivir dándonos cuenta de nuestro mundo interior, escuchándonos amistosamente y prestando atención a nuestras voces interiores.

• Aceptación auténtica y genuina de sí, confiando en sus propios recursos y conociendo sus propias limitaciones y un gran deseo de crecer y mejorar.

• Autoestima y autoconfianza verdaderas expresadas en vivir contento de sí y en disponibilidad para con los otros. Autocelebración gozosa de su presente y de su porvenir, siendo solidario y colaborando con los demás. Los hombres y las mujeres maduramos en presencia de otra persona en colaboración con los demás.

Quien disfruta de una imagen positiva de sí, es alegre, agradecido y servicial: tres caminos seguros que conducen al puerto de la felicidad. “Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que poseemos de nosotros mismos. Por tanto, la autoestima es la clave para comprendernos y comprender a los demás, para proyectarnos al éxito o al fracaso”. (Branden, 1990).

Lic. Luz Minerva Jerez, M. A.
Asesora Regional Area Formación Integral, Humana y Religiosa. Profesora de la Universidad Católica Nordestana (UCNE).

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