Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 423,
Edición 2
de agosto del 2005, Rep. Dom.

Un nuevo año escolar

Por Lic. Francisco Taveras Ortiz

El 22 de agosto se inició oficialmente el nuevo año escolar, según lo dispuesto por la Secretaría de Estado de Educación (SEE) y creo pertinente escribir estas pinceladas con el único propósito de hacer algún tipo de aporte a la escuela, al menos la satisfacción de poner a disposición de los centros educativos estas humildes apreciaciones.

Es oportuno señalar que la escuela debe transformarse en un lugar placentero de aprendizaje. Sabedores somos los maestros /as que convertir la escuela en un lugar placentero no es tarea fácil, pero “se empieza comenzando”.

Culturalmente hablando, tenemos una serie de indicadores que ponemos en práctica a la hora de evaluar a nuestros alumnos, y Edward Deming señala, entre otros, las calificaciones, la estrella de oro para premiar el rendimiento del alumno o cumplimiento de un trabajo, agrupamiento por habilidades y cualquier práctica o procedimiento por el cual, la escuela produce “ganadores y perdedores”, y nuestro autor se opone a todas formas de competencia en las escuelas con excepción de los juegos porque crean perdedores y ganadores y en lugar de la “competencia necesitamos la cooperación”.

El delito, las drogas, la apatía, la ira y la violencia son sólo algunos de los síntomas que resultan de crear ganadores y perdedores artificiales en las escuelas.

La competencia no es necesariamente una forma de vida, ésta hace más mal que bien, porque nadie quiere perdedores en su organización. Los alumnos de bajo rendimiento (perdedores) llegan a creer que la causa del fracaso son propias y no del sistema en que se les ha obligado a participar y muchos maestros se hacen la idea que esto se debe a la falta de iniciativa o inteligencia del alumno, y de manera impensada la escuela “legitimiza” el fracaso del alumno “para mantener el sistema existente de privilegios socioeconómicos” (Kerbo, 1983, pág.389), y de manera soterrada lo buscado no es otra cosa que llevar a feliz término, que no todos pueden ganar porque no hay sitio en la sociedad actual para que todos ganen.

La desigualdad socioeconómica en los países en vía de desarrollo y también los desarrollados, la escuela juegan un papel de reproducción de la sociedad y la misma debe contribuir a justificar la desigualdad social en la distribución de la riqueza y el poder.

De ahí que, al iniciarse un nuevo año escolar, propicia es la ocasión para que los educadores al realizar su planificación no sólo tomen en cuenta los contenidos programáticos, sino también estar concientes del rol que desempeñan en el desarrollo y formación de sus alumnos /as, para hacer de estos ciudadanos dignos, justos y equitativos, para que alcancen una vida mejor donde todos /as sean ganadores/as, donde pueda irse reduciendo la brecha de desigualdades sociales, para con ello reducir la delincuencia, la criminalidad, la prostitución y toda clase de males que arropan a la sociedad.

Para ello, la escuela debe convertirse en un lugar acogedor y alegre, donde el estudiante se sienta cómodo y tomado en cuenta, sin presión ni desprecios en su dignidad como ente humano; y al planificar, contar con los padres, que al menos deben conocer las más diversas manifestaciones de sus hijos que encomiendan a los maestros.

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