Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 425,
Edición 2
de septiembre del 2005, Rep. Dom.

RECORRIENDO LA CIUDAD

Por Doña Chea de León

Doña Violeta Echavarría; 42 años de servicio a la comunidad

Cuando llegamos a esta ciudad de San Francisco de Macorís, conocimos en seguida las oficinas del Oficialato Civil Provincial, la cual estaba instalada al lado del Teatro Carmelita, por la calle El Carmen, donde estuvimos caminando ese trayecto cuatro veces al día, por muchos años, pues debía ir y regresar, mañana y tarde, a la Mueblería Cheíta, que fue nuestro establecimiento comercial.

Para entonces estaba como oficial civil, una gran dama, doña Digna Castellanos de Esmurdoc, acompañada a la vez por otra gran dama, la licenciada Violeta Echavarría y una jovencita que era Yolanda Eustate, quien fungía como auxiliar en esos menesteres, y así fue desarrollando su inteligencia y constancia en su trabajo, hasta llegar a oficial civil también, entre otras fallecidas, todas muy queridas por la población fueron mujeres de bien, ejemplo vivo del trabajo arduo para servir a la comunidad.

Nunca ponían las cosas difíciles, al contrario, daban toda clase de atenciones y su trabajo lo hacían con amor al prójimo, manejando libros el día entero, esforzándose por dejar complacidos a sus requerientes en busca de ese tipo de servicio y como oficiales para realizar las bodas, en aquel entonces, trabajando inmensamente; como eran varias oficinas, muy cerca una de la otra, pues siempre resultaban las instalaciones estrechas y calurosas, por el gran cúmulo de personas a sus alrededores, pero siempre con una sonrisa a flor de labios para brindar sus finas atenciones. Se esforzaban por rendir un buen trabajo a quien fuera allí, sin distinción de clases, fueron personas capacitadas en su oficio.

Hubo otra oficial civil después de la defunción de nuestra gran amiga doña Digna, quien laboró en esa dependencia con mucha capacidad y amabilidad, no recuerdo su nombre, pero sí que vivió en la calle José Reyes casi esquina avenida Frank Grullón, donde también asistimos a su velatorio. Para todas ellas, que descansen en la Paz del Señor y rogamos por su eterno descanso.

Si volvemos la cinta hacia atrás, podrán apreciar las cosas de la vida. Al momento de la cancelación de la licenciada Violeta Echavarría, solo bastó un simple telegrama de cancelación, sin ningún detalle de causa. Tal situación fue para todos sorprendente y nos causó mucha pena lo ocurrido, pero no había más que aceptarlo, no se podía hacer nada.

Se retiró a su casa; mujer bien preparada académicamente, pues siempre aprovechaba los cursos educativos que se impartían. Ella los hacía, se hizo Licenciada en Derecho, en fin, recuerdo que años atrás, junto a un grupito se nos impartió un curso de Relaciones Humanas, y nos sentíamos todos como hermanos. Conociendo la precariedad económica que padecía después de su cancelación, siendo ella digna y merecedora de algo mejor para el resto de su vida, nos atrevimos, por esta misma columna “Recorriendo la ciudad”, solicitar a las autoridades de ese entonces en nuestra ciudad, amigos de ella y nosotros, les solicitamos públicamente para que llegara a las partes donde funcionarios que debían y podían prestarle alguna atención y para que se le gestionara una pensión como ella lo merecía.

A nuestra petición de que se tomara en cuenta los 42 años de labor ininterrumpida, de dar esos largos años de su vida al servicio de la comunidad. Nadie se dignó a darnos ni siquiera una esperanza para tal gestión, y todo se quedó en el vació. Ella se preocupaba por gestionar y complacer a personas que estaban en tierras lejanas y necesitaban legalizarse en el país donde residían. Le llamaban, le explicaban sus necesidades, y ella se encargaba de legalizar aquellos documentos, para que a través de sus familiares o vías de envío, se le hicieran llegar correctamente. Esos eran gestos de humanidad y gentileza. Dios sabrá cuántas personas se legalizaron en el exterior con documentos preparados correctamente por ella, para presentarlos en los departamentos que les exigían aquellos datos reglamentarios por ley en el país que fuera.

En cuanto a nosotros se refiere, nos queda la satisfacción del deber cumplido, que fue el de solicitar a las autoridades una pensión que le permitiera llevar una vida más holgada económicamente; esto no se logró pero sí lo intentamos con el mejor de los deseos. Querida Viola, que el Señor te haya compensado todo lo bueno que hiciste para su gloria, y como todo pecador que somos, te haya perdonado lo que no fuera de su agrado. Descanse en paz tu alma. Te extrañaremos siempre.

Pensamiento: Dios pone su amor en el corazón de aquellos, que a su vez, sirven y aman sin esperar recompensa alguna.

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