Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 427,
Edición 2
de octubre del 2005, Rep. Dom.

Políticos y delincuencia

2da. y última parte
Por Luis J. Báez del Rosario

Hay que colegir, aplicando la lógica, que si arriba las cosas andan mal, que si arriba se perciben conductas de fango en políticos y funcionarios de los gobiernos que ha tenido el país en su trayectoria republicana, con sus expceciones, que siempre las hay, abajo, en sectores de la sociedad, también habrá el contagio oficial del fango, las cosas en consecuencia, pueden ser peores o más graves, como en efecto sucede actualmente con la intensificación y recrudecimiento de la delincuencia, que funestamente ha roto todas las estadísticas de la criminalidad para dar margen a un estado de inseguridad ciudadana.

En días recientes el Mayor General Bernardo Santana Páez, Jefe de la Policía Nacional, oficial a quien hay que reconcer una alta preparación en materia policial, formado técnica y académicamente en prestigiosas academias policiales internacionales, dotado de una cultura general, de la que humildemente no hace ninguna ostentación, tuvo una certera y objetiva apreciación personal sobre el fenómeno de la delincuencia, la cual yo comparto como expresión de la realidad.

Decía Santana Páez en sus declaraciones a los medios de comunicación, “que no se hacía nada con ejecutar a un delincuente”, “que la delincuencia no terminaba con la vida del delincuente”, y esa afirmación es cierta y correcta.

Yo diría a la luz de las circunstancias y los hechos precisos, concordantes y probados, que hay una responsabilidad compartida en la ocurrencia e intensidad del fenómeno, un triángulo generador, estimulante, aliado y complicitario, de ahí su agravamiento y magnificación, y que son muchos políticos, algunas familias y parte de la sociedad, quizás sea severo al emitir este juicio, y que hago despojado de toda pasión, prejuicio o parcialidad, sin pretender erigirme en Juez del comportamiento ajeno, sino y son las mismas evidencias, y no otras, las que me dan la razón, explico.

Los políticos, porque han instituido la corrupción y corruptela, oficializándola y arraigándola, cobrando fuerza y cuerpo con la impunidad, asaltando las arcas públicas como depredadores del tesoro, cerrando las oportunidades de empleo y superación a la juventud, a la cual debe el Estado garantizar su educación, estabilidad y bienestar.

La familia, casos de hogares desechos por los conflictos conyugales, ausentismo del padre o la madre, falta de autoridad, principios y valores, tolerancia y complicidad por la omisión de deberes que imponen fundamentalmente una paternidad responsable, condiciona e induce a los jóvenes a la delincuencia.

La sociedad, o parte de ella, como hemos señalado, por su progresiva desintegración, deterioro moral, también fabrica delincuentes y los sacrifica, culpando a otros de su propia falta.

Pero, y como una sentencia bíblica, “el que se sienta libre de pecado que arroje la primera piedra”, o como un refrán popular, “al que le pique que se rasque”, los “padres y maestros” de la delincuencia, por encima de la familia y la sociedad, los máximos responsables de sus causas, crecimiento y peligrosidad, su alimento y apoyo son las especies políticas de la corrupción, “intocables” o “vacas sagradas”, a las que la vara de la justicia dominicana no toca porque se rompe; mientras tanto que siga el circo con fanfarria y aplausos, y en medio del telón con sarcasmo a la parte sana e impoluta de la sociedad el trágico festival judicial de los “No Ha Lugar” para complacer a los ladrones públicas de cuello blanco y falsa pose de “señor”. Que baje el telón de la Hipocresía!

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