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Políticos y delincuencia 2da. y última parte En días recientes el Mayor General Bernardo Santana Páez, Jefe de la Policía Nacional, oficial a quien hay que reconcer una alta preparación en materia policial, formado técnica y académicamente en prestigiosas academias policiales internacionales, dotado de una cultura general, de la que humildemente no hace ninguna ostentación, tuvo una certera y objetiva apreciación personal sobre el fenómeno de la delincuencia, la cual yo comparto como expresión de la realidad. Decía Santana Páez en sus declaraciones a los medios de comunicación, que no se hacía nada con ejecutar a un delincuente, que la delincuencia no terminaba con la vida del delincuente, y esa afirmación es cierta y correcta. Yo diría a la luz de las circunstancias y los hechos precisos, concordantes y probados, que hay una responsabilidad compartida en la ocurrencia e intensidad del fenómeno, un triángulo generador, estimulante, aliado y complicitario, de ahí su agravamiento y magnificación, y que son muchos políticos, algunas familias y parte de la sociedad, quizás sea severo al emitir este juicio, y que hago despojado de toda pasión, prejuicio o parcialidad, sin pretender erigirme en Juez del comportamiento ajeno, sino y son las mismas evidencias, y no otras, las que me dan la razón, explico. Los políticos, porque han instituido la corrupción y corruptela, oficializándola y arraigándola, cobrando fuerza y cuerpo con la impunidad, asaltando las arcas públicas como depredadores del tesoro, cerrando las oportunidades de empleo y superación a la juventud, a la cual debe el Estado garantizar su educación, estabilidad y bienestar. La familia, casos de hogares desechos por los conflictos conyugales, ausentismo del padre o la madre, falta de autoridad, principios y valores, tolerancia y complicidad por la omisión de deberes que imponen fundamentalmente una paternidad responsable, condiciona e induce a los jóvenes a la delincuencia. La sociedad, o parte de ella, como hemos señalado, por su progresiva desintegración, deterioro moral, también fabrica delincuentes y los sacrifica, culpando a otros de su propia falta. Pero, y como una sentencia bíblica, el que se sienta libre de pecado que arroje la primera piedra, o como un refrán popular, al que le pique que se rasque, los padres y maestros de la delincuencia, por encima de la familia y la sociedad, los máximos responsables de sus causas, crecimiento y peligrosidad, su alimento y apoyo son las especies políticas de la corrupción, intocables o vacas sagradas, a las que la vara de la justicia dominicana no toca porque se rompe; mientras tanto que siga el circo con fanfarria y aplausos, y en medio del telón con sarcasmo a la parte sana e impoluta de la sociedad el trágico festival judicial de los No Ha Lugar para complacer a los ladrones públicas de cuello blanco y falsa pose de señor. Que baje el telón de la Hipocresía! |