Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 429,
Edición 2
de noviembre del 2005, Rep. Dom.

Malos espíritus y posesiones

Por Dr. Luis J. Báez del Rosario CDP

Hay dominicanos y dominicanas que creen superticiosamente en las supuestas apariciones de espíritus, que en la mayoría de los casos resultan ser meras coincidencias y sus efectos sugestivos en las mentes condicionadas por fantásticas leyendas y mitos.

Esos “espíritus” para los firmes y obsesivos creyentes, capaces de pasar la noche en vela, es decir, sin conciliar el sueño, suelen ser siluetas en la penumbra de la noche, el abrupto y casual ruido producido por un animal o un vivo inadvertido.

Puedo decir que cuando niño solíamos escuchar esas fantasmagóricas y terroríficas “historias de muertos”, y si por casualidad veíamos en el cine una de aquellas películas del famoso Conde Drácula o Frankestein, al llegar a la casa en horas un poco avanzadas de la noche lo absolutamente seguro es que pasáramos tremendo calor si era verano, con el rostro totalmente cubierto por la sábana o almohada, no fuera cosa de pasar el más horrible susto de nuestra existencia.

Crecimos, nos hicimos adultos y descubrimos que tales muertos no existen, pertenecen al mundo de la fantasía y de algunos tontos, que los que sí realmente existen son los vivos, y a determinadas especies de ellos, a los más peligrosos, a esos sí hay que temerles.

Y que nadie en estos tiempos me hable de muertos y refute lo que estoy diciendo, dos personajes típicos de nuestro pueblo, muertos hace muchos años, Amancio y Paraguayo, que bebían hasta la botella, dormían con frecuencia sus jumos sobre cualquier tumba fría del viejo cementerio municipal, y no pasaba nada, al otro día el mismo jumo de ayer.

Definitivamente, soy incrédulo, no creo en fábulas de “espíritus” o de los “muertos” que salen, para ser honesto, no he visto ni uno solo, pues esas historietas son espejismos de la niñez y parte de la adolescencia, cuando todavía éramos manganzones con pantalones cortos que nos sentábamos a hacer cuentos de misterios en una noche lúgubre y silenciosa, peor si nos sorprendía y volaba una “extraña” ave, nos erizábamos y ponía la piel de gallina, a alguien del grupo se le ocurría expresar sin disimular el miedo que era un “vampiro”, la reunión terminaba con la estampida en diferentes direcciones.

Metafórica e irónicamente podríamos establecer similes de personajes de la vida pública y también privada, con personajes históricos ya desaparecidos, como Cristóbal Colón, Pedro Santana y familia y Rafael Trujillo, para citar sólo algunos.

Los “malos espíritus” de aquellos extraños personajes que en vida dieron mucha agua que beber al pueblo dominicano en sus respectivas épocas, parecería que se han posesionado de las mentes, voluntades, actitudes y comportamientos de algunos personajes del presente, vulnerables por sus defectos y debilidades a la crítica y exclusión ciudadana.

Lejos de ausentes, los “espíritus posesivos” de Colón, Santana y Rafael Trujillo, están presentes, por tanto, vivientes, en los robos públicos y privados, traición, crimen, perversidades, autoritarismo, intolerancia política y demás antivalores en la sociedad de nuestros días; por todo ello decimos que aquellos funestos dominicanos no han muerto, están ahí en sus relevos y réplicas cíclicas como sombras y pesadillas en la vida de la nación, no ha sido posible desterrarlos. ¡Oh Quisqueya!, hasta cuándo te perseguirán históricamente los “malos espíritus” del pasado.

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