Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 429,
Edición 2
de noviembre del 2005, Rep. Dom.

Policía escolar

Por Lic. Francisco Taveras Ortiz

El primer eslabón en la seguridad escolar son sus autoridades incluyendo a los estudiantes, que son quienes más conocen los intrusos que penetran a la misma a cometer demanes e interrumpir la solemnidad y paz que debe reinar en la escuela para que se produzca un aprendizaje integral alejados de griteríos, sobresaltos y malos entendidos que traen inconductas innecesarias.

El segundo eslabón de la cadena son los padres, soporte natural del buen desenvolvimiento escolar y apoyo directo que garantiza el bienestar en la escuela.

Una Policía Escolar muy poco o nada puede aportar a la escuela y parece de mal gusto su presencia en el recinto escolar, por más bien “entrenada e intencionada” que pudiera estar, porque la función de la policía no es organizar eventos educativos, sino represiva.

La presencia de la policía escolar manda un mensaje bastante desagradable a la escuela y se convierte en un grito de Jeremías; por tanto, es un indicio del corrompimiento que ha llegado la sociedad, y se parece mucho cuando los padres de familias pagan un guardián para la custodia de sus hijos porque no tienen control de la familia.

La vigilancia de la policía escolar cuyos miembros fueron “especializados” para manejos de actos delincuenciales en la escuela, manda reflexionar la familia, porque se aprecia que la escuela es una extensión del hogar; padres y maestros deben ser los garantes de cuanto allí ocurra.

Al no existir esta garantía, alguien tiene que asumirla para que retorne el “orden” y la “disciplina” en la escuela, donde los delincuentes que allí penetran encuentren quien trace la histórica “línea de Pizarro” entre la delincuencia y la escuela; pero la familia debe sentarse junto a los maestros a analizar esta situación y los padres con responsabilidad deben cooperar para alejar los males que las azotan, donde también los estudiantes, sus dirigentes estudiantiles y el equipo profesoral asuman su cuota de responsabilidad para el retorno de la tranquilidad escolar.

Los padres y la comunidad deberán comenzar a pensar que el bienestar educativo de sus hijos, no es sólo responsabilidad de los maestros, sino también de quienes aportan lo más importante en el proceso de aprendizaje (los alumnos/as); los mismos no deberían sentirse satisfechos cuando el resultado de la escuela no es el esperado, si su nivel de aporte hacia el desenvolvimiento escolar ha sido nulos en algunos casos o muy pobres en otros.

Vergüenza debería darnos a gobierno y gobernados y recibir el titular “Las Escuelas Públicas reciben hoy 250 agentes Policía Escolar”, título de primera plana de un gran periódico de circulación nacional, de la fecha (Listín Diario 7/11/2005), y salir a las calles con una “careta” para esconder el rostro frente a la niñez, adolescentes y jóvenes por permitir se nos vaya de las manos la única institución que trabaja seriamente por el futuro de la nación de manera institucionalizada, permanente, con presencia, propósitos y metas definidas que es la escuela, la que encontramos en todos los rincones del país.

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