Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 431,
Edición 2
de diciembre del 2005, Rep. Dom.

CAFTA: Malo para tí y bueno para mí

El CAFTA trae mucha alegría

Por Lic. Vladimir García
Director, PhilosophyKids

Hay una razón por la que las grandes empresas del país sonríen de oreja a oreja estas navidades. El Tratado de Libre Comercio entre América Central y República Dominicana (CAFTA), que se implementará en enero próximo, ha sido el mejor regalo que hayan recibido este año.

Aunque todavía la población desconoce el impacto que podría tener el CAFTA en sus vidas, el país se prepara para esta realidad. Más de $33 millones en productos de necesidad y lujo se intercambiarán libremente entre Estados Unidos y los otros países miembros — Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y República Dominicana.

Respondiendo a lo que se puede esperar a medida en que se asiente el tratado, Miguel Cocco, Director General de Aduanas, demostró optimismo. “El país está preparado para competir”.

En los últimos meses el gobierno se ha venido preparando para la llegada de CAFTA. Ha gastado millones de dólares para lo que piensa será una gran oportunidad para la economía nacional. “Podemos y vamos a competir”, expresó el Secretario de la Presidencia, Danilo Medina.

En 1992, Estados Unidos, México, y Canadá acordaron un tratado similar. El Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA) motivó el mismo optimismo en lo el entonces nuevo presidente estadounidense, Bill Clinton, calificó como “un nuevo aire de oportunidad y crecimiento”. Pero la realidad fue otra. A consecuencia de NAFTA, inmediatamente se perdieron más de un millón de trabajos en Estados Unidos y Canadá, y 1.3 millones en México. Fue desastroso, explica la economista Gabriela D. Lemus, Directora de Legue of United Latin American Citizens (LULAC) a la revista Hispanic. Lo que más pena da es que la mitad de los desempleados en Estados Unidos a causa de NAFTA son latinos. En efecto, ennoviembre de 2005, la economista Danna Harman admite al diario USA Today que NAFTA ha hecho más mal que bien en lo que se propuso.

No obstante, el optimismo del gobierno
se resiste a admitir lo que pudiera ser el colapso de la economía nacional. Como sucedió en México a solo dos años de NAFTA — y hubiera sucedido en Canadá sino hubiera contado con una economía lo suficientemente robusta para asimilar las consecuencias. Representantes del gobierno se complacen citando cifras del Banco Mundial. Este tratado significaría un 0.6% del crecimiento anual para la economía dominicana, dicen. Eso puede ser. De hecho el mismo Banco Mundial, en su reporte emitido en junio pasado, reconoce que en cuanto al efecto económico del tratado, nada es seguro. “Es más arte que ciencia”, explican los economistas Carlos Felipe Jaramillo y Daniel Lederman, ambos del Banco Mundial.

Al igual que yo, muchas personas todavía se preguntan el porqué de este tratado. Especialmente en vista de la situación que afecta al país. ¡Porqué no mejor fortalecer la economía nacional antes de firmar semejantes tratados? Es seguro que las pequeñas empresas no podrán sobrevivir la competencia internacional. Y la asistencia del gobierno no las podrá socorrer por mucho tiempo.

A fin de cuentas, los beneficios del CAFTA son inseguros. Demasiado riesgosos para los pobres del país. Es verdad: la competencia baja precios. Pero también crea monopolios. Y éstos suben precios y benefician a ricos.

La alegría de los grandes empresarios es comprensible. Todos queremos la oportunidad de prosperar. Pero mientras ellos la prefieren a cuestas del pobre, nosotros solo a base de igualdad, justicia, y ética.

En cuanto a lo que nos espera, ¡que Dios reparta suerte!

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