Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 432,
Edición 1
de enero del 2006, Rep. Dom.

El pueblo dominicano, micro empresario

Durante la dictadura trujillista (1930-1961) la más oprobiosa y férrea conocida en nuestra historia, se cometieron los más grandes abusos y crímenes imaginables, al término de llegar a penetrar los más elementales sentimientos del común del pueblo.

Sin embargo, aunque fuera a fuerza de terror, el país gozaba de una mínima “organización” y unos servicios públicos, que para la época, quizás, eran bastantes “aceptables”.

Existían muy pocos colegios privados y la escuela pública era una garantía de la educación de los hijos (as) que allí acudían. Se recibía docencia los cinco (5) días de la semana, durante cuatro (4) horas diarias para los estudiantes de escuelas primarias; y escuelas primarias urbanas nunca faltó el desayuno escolar.

Las clínicas privadas eran pocas y los hospitales públicos brindaban un servicio de salud de relativa calidad.

Actualmente el bajo nivel de calidad de los servicios públicos, la falta de seguridad institucionalizada, la inseguridad para la vejez, ha conducido al ciudadano a desarrollar una cultura empresarial que se ha generalizado en la sociedad dominicana, en un instinto natural de lograr algún bienestar para sí y para los suyos.

En nuestro país todo está privatizado, por tanto los jóvenes tienen que asegurarse un futuro económico. Un empleado de cualquier negocio o empresa, trata de salir de allí con algún dinero para instalar su propio negocio o pequeña empresa, taller, etc., o irse al extranjero en busca de mejor vida.
Lo propio ocurre con los profesionales, básicamente los médicos, profesores, agrónomos, contadores, ingenieros y arquitectos, entre otros. Los mismos establecen su propia “empresa” o al menos es su aspiración y es así como se han instalado en todos los sectores y barrios de las ciudades un colegio privado, escuelas o salas de tareas, consultorios médicos, una clínica, donde el ciudadano común encuentra los servicios que debía garantizar el Estado, que no garantiza.

Este instinto empresarial del dominicano sigue más abajo entre las clases menos pudientes y en cualquier lugar nos encontramos con un taller, colmado, salón de belleza, venta de frutas, dulces, tiendas, etc....en un instinto de asegurarse el sustento y ciertas garantías para cuando haya entrado en edad avanzada o enfermedad, asegurarse los “suyos”, ya que el Estado no ofrece ningún tipo de garantía ni siquiera para sus servidores.

Los periódicos traen noticias de empleados con 30 años o más de servicios cancelados por cuestiones partidarias. Al llegar a la edad del retiro se niega la pensión o jubilación y cuando se ofrece, el sueldo no le alcanza ni siquiera para un “jugo de naranja o un té diario”, lo que ha obligado al dominicano (a) crear una cultura empresarial, lo que habla muy bien de este pueblo.

El Estado no está en capacidad de ofrecer garantía a sus ciudadanos, ni siquiera colectiva; el 47% de nuestros policías están prestando servicios en cualquier otra cosa menos en los servicios policiales, según lo dicho por el Secretario de Interior y Policía licenciado Franklin Almeida y la delincuencia arropa la nación y no se observa una actitud al menos adecuada de parte de los organismos de seguridad para controlarla, obligando al dominicano crear su propia “seguridad”.

Lic. Francisco Taveras Ortiz especialista en Administración y Gestión de Centro Docente.

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