Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 434,
Edición 1
de febrero del 2006, Rep. Dom.

Las ollas de Fidel:Un plan de ahorro admirable

Por el Padre Leonardo Adames
Hace algún tiempo las opiniones que emitiera en un periódico de circulación nacional el señor Manuel A. Fermín (a quien no conozco) contra la que él llama dictadura cubana, me suscitó el espíritu polémico que duerme en mi conciencia. Y escribí estas ideas que actualizo y que me gustaría, algo tarde, compartir con los lectores de su periódico.

El amigo Manuel, en su artículo, se ríe del hecho que en Cuba se anuncie como logros el haberse distribuido cantidades de ollas arroceras y resalta este hecho como un atraso en el desarrollo, si lo entendí bien. Señala que dichas ollas son conocidas desde hace tiempo y, hasta estarán en desusos por muchos (ricos por supuesto) que tienen ya hornos micro-ondas.

El señor Manuel parece estar mal informado, pues esas ollas son conocidas en Cuba, para mí con certeza, desde el año 1995, ya que desde ese año estuve allí ejerciendo mis servicios sacerdotales y “la gente de fulas” (como dirían los cubanos) la adquirían gracias a la diferencia que introducía la posibilidad de adquirir dólar. Hoy día se habla de los nuevos ricos en Cuba.

El hecho de que se masifique el uso de las ollas y otros electrodomésticos de bajo consumo como se promueve hoy en día en Cuba, no deja de ser algo de importancia social admirable:

1- Pone aquellos artefactos de bajo consumo energético al alcance de la generalidad de las familias cubanas. Cuestión que entre nosotros se hace difícil a gran cantidad de familias pobres.

2- Responde a un programa que consigna el ahorro de combustible y energía. Programa interesantísimo que, calcula el gobierno cubano, producirá un ahorro nacional de gran envergadura convirtiéndose en uno de los medios de mayor ingresos al Estado.

3- Y, contrario a como quiera hacer creer el señor Manuel, aún sea poco, aparece arroz y vianda para la cocina cubana.

La carencia en Cuba que no es tan fatal, ciertamente tiene como culpable el bloqueo que no es un invento de Fidel y, podría señalarse también, lo que el señor Manuel llama irracionalidad económica (peonaje estatal) que, para mí, es un justo control económico para evitar que unos pocos se aprovechen y enriquezcan a costa de la mayoría. La culpa de este control se da en cuanto que el mismo no incentiva la producción, puesto que la conciencia humana, por largo tiempo, no acabará de sensibilizarse con la idea de trabajar, producir y crear riquezas para el bien común. De esta falta de sensibilidad no están exentos muchos cubanos.

Los críticos al estado de cosas en Cuba parece que exigen que todo el pueblo viva a la altura económica de cualquier empresario nuestro. El menor de ellos aquí, amasa riquezas aprovechando la oportunidad que le ofrece la “libre competencia” y los apoyos legales que recibe el capital en perjuicio de la dignidad humana y del bien social. Estos, aunque le parezca bueno a los aprovechados, no es bien moral ni es bueno cristianamente.

Es posible que en Cuba se dé un bienestar entre los “enclaves del poder” del que no disfruta el común de la gente; pero ¿hasta qué punto eso desnaturaliza un sistema? Los dirigentes o constructores de la sociedad (uno más que otros) disfrutamos de cierto bienestar por encima de los dirigidos. Si el bienestar excede y algún “enclaves del poder” acumula bienes por encima de lo normal pero estos consignados al estado ¿no es preferible a lo que sucede en una sociedad capitalista donde lo acumulado se asigna a título “privado”?.

Aunque resulte escandaloso esto que escribe un sacerdote católico y se me tilde de ideólogo trasnochado, siendo verdad el aporte que se hace al derecho a la educación, la salud, la cultura, el deporte y un orden político que emana del poder popular como hasta ahora observo que ocurre en Cuba; y, siendo verdad el aporte que el pueblo cubano con su capital humano va dando a otros pueblos necesitados de su solidaridad, seguiré viendo la figura “jurásica” de Fidel (así lo llamó Manuel en su artículo) como ví y seguí durante veinticinco años la figura de Juan Pablo II y veré y seguiré la figura del Papa Benedicto XVI a pesar de los yerros que puedan tener, como buenos guías de esta humanidad.

El autor es
Vicario de la Parroquia
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