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Delincuencia Vs Terror Por Francisco Taveras Ortiz Hablar de delincuencia es tema que tiene a la gente j... y se ha dicho más de un millón de veces, que las autoridades sólo están disfrutando del poder, sin dar asomo de combatirla con posibilidad de establecer algún nivel de control o al menos con un nivel de control aceptable. Llegamos al terror, pues aún en su casa se siente atemorizado, ya que cualquier delincuente puede violarla mediante la argucia que saben ingeniarse. En ningún luagr se siente seguridad. Casi siempre en un acto delincuencial aparece un sujeto procedente de las filas del ejército o la policía. El esposo o compañero quita la vida a la mujer; el padrastro, papá, tío, primo a quien se confía la guarda y custodia de una niña, la viola y hasta dispone de su vida; en ocasiones la mantene atemorizada para que no lo denuncie. La madre es aterrada por el violador. Guardianes a quienes se paga para la custodia de un negocio, para sus dueños y empleados, asalta y roba lo que está supuesto proteger, en complicidad con otros delincuentes. Quien tiene un accidente de tránsito en nuestras carreteras y autopistas, es víctima del saqueo y hasta lo rematan para robarle. Todo el desconocido que se nos acerca puede ser un delincuente, y así no se puede vivir. No sabemos cuándo nos tocará el turno de sufrir la epidemia de la delincuencia. Se anda en la calle con terror, nervioso, preocupado, paranoico. Los que debieran garantizar la vida y propiedades están gozando, hablando bonito por radio y televisión, y la delincuencia ganando terreno, aunque a decir verdad la policía hace su trabajo cuando puede, pues ni hay los suficientes miembros, mal entrenados, con escasos equipamientos, con salario de terror. muchas veces vejados, sin ningún tipo de seguridad, expuestos a que los maten como sucede muchas veces. Hay que reconocer que estos humildes hombres y mujeres tienen necesidades insatisfechas y urgencias como cualquier otro mortal. La ciudadanía debe aspirar a la implementación de la dictadura de la Ley, no una democracia mal fingida, pero la ley para todos, donde la tarjetita o la llamadita del funcionario o dirigente del partido oficial sean echadas al zafacón y no tengan más autoridad que nuestros códigos éticos y morales, y nuestro código jurídico. Cuando al cometer algún delito, infracción, acto de corrupción pública o privada, al ciudadano se le aplique la misma ley y todos seamos juzgados con el mismo código, ya sea miembro del partido oficial, de la oposición o simplemente un común ciudadano, podemos decir que hemos comenzado a vivir en una sociedad organizada.
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Las siete palabras Los Verdaderos amigos de Jesucristo |