Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 438,
Edición 1
de abril del 2006, Rep. Dom.

Las siete palabras
“De septem Verbis a Christo in cruce prolatis”

P. Isaac García

El tiempo de Cuaresma es definitivamente el tiempo litúrgico que suscita entre los católicos más sensibilidad religiosa. Y la Semana Santa, aunque es un tiempo que ha tomado un fuerte matiz de descanso y playa, no faltan los que desde esos espacios de recreación buscan llenar sus vidas del espíritu de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús y no mencionar a las grandes masas de cristianos que viven con intensidad estos días. Por tal motivo, nos mueve el deseo de acercarnos a las últimas horas que Jesús vivió en la cruz y que tan magistralmente nos escenificó Mel Gibson en la Película “La Pasión de Cristo”. ¿Cuáles son las últimas palabras de Jesús? Hagamos una reflexión a la luz del comentario que hace San Roberto Belarmino (1542-1621) a las Siete Palabras de Jesús:

  1. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Esta Palabra fue dicha por Jesús para sus enemigos. En su misión predicó el amor y aún en el “púlpito de la Cruz” rogó por quienes más necesitaban del amor. Jesús en este momento se convierte en “abogado” de sus enemigos: los que lo clavaron en la cruz, Pilatos, por quienes gritaron “crucifícalo, crucifícalo”, por los sumos sacerdotes y escribas que falsamente lo acusaron. Pero no sólo por los de su tiempo, sino por sus antepasados y por nosotros que lo seguimos crucificando. Él pide para que nosotros aprendamos a amar y a perdonar. (Mt. 5,44).
  2. "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 43). Esta Palabra fue dicha por sus amigos. El ladrón reconoció el reinado de Jesús aún cuando estaba totalmente despojado de su realeza. Un reinado que empezaba al morir. Y si buena fue la intervención del ladrón, mejor la promesa que le hizo Jesús. Él pone toda su confianza en la misericordia y caridad de Jesús, que le promete que no sólo “hoy” tendrás los brazos librado de la cruz, sino abrazado en el Paraíso. El “hoy” de Jesús se prolonga hasta nosotros porque en el paraíso el tiempo no existe.
  3. "He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre" (Jn 19, 26). La tercera Palabra Jesús la dice por sus parientes. María no tenia ni parientes, ni marido, ni hermanos, ni hermanas y en orden a no dejarla totalmente desprovista de auxilio humano, la encomendó al cuidado de su muy amado discípulo Juan: él actuará con ella como un hijo, y ella actuará con él como una Madre. Allí en aquellas dos personas estaba presente la humanidad entera, recibiéndose recíprocamente: Juan y María; Madre e Hijo. María y la humanidad. Una escena de verdadero amor filial: Madre que acompaña el dolor de su Hijo; Hijo que no abandona en la tristeza a su Madre.
    Estas tres primeras Palabras Jesús las pronunció antes que se iniciase la oscuridad, antes de la hora sexta (Mc 15,33 ); las siguientes cuatro alrededor de la hora nona, cuando la oscuridad estaba desapaciendo (Mt 27,45)
  4. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27, 46). Jesús siente el abandono de la protección de su Padre, que Dios quitó por este momento a su Hijo para permitir que se realizara la oblación del sacrificio de sangre para la redención del mundo, pero la unidad natural y eterna, de naturaleza, de gracia, voluntad y de gloria jamás pudieron romperse entre ellos. Dios abandonó a su Hijo cuando permitió que su Carne humana sufriese tan crueles tormentos sin consuelo alguno, y Cristo manifestó este abandono gritando con voz fuerte para que todos puedan conocer la inmensidad del precio de nuestra redención. Él nos libró del eterno sufrir con estas tres largas horas en la cruz.
  5. "Tengo sed" (Jn 19, 28). La Sed fue uno de los dolores más intensos que Jesús tuvo que soportar en la Cruz. Tenía sed y le dieron a beber vinagre. Una bebida que apura la muerte. Nuestro Señor desde la cruz mira a todo el mundo que está lleno de hombres y mujeres que están sedientos y exhaustos, y por lo reseco que Él está, tiene piedad de la sequía que soporta la humanidad y la grita. Está sediento por la sequedad y aridez de su Cuerpo, pero esta sed pronto se terminará. La sed que sufre es por el deseo de que los hombres empiecen a conocer por la fe que Él es el auténtico manantial de agua viva y les invita que se acerquen y beban.
  6. "Todo está consumado" (Jn 19,30). Todo lo dicho por los profetas y por el mismo Jesús en relación a su Vida y Muerte había sido hecho y cumplido. Con su muerte Cristo concluyó su estadía laboriosa entre nosotros. Nadie puede negar que su vida mortal fue sumamente dura, pero su misma dureza fue compensada por su cortedad, su fruto, su gloria, y su honor. Nos enseña a entregarnos como él, para que nuestra vida al final sea consumada como la de él.
  7. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23, 46). Jesús siente la presencia de su Padre y pone en sus manos su espíritu y toda su obra. Jesús pone con confianza su vida en las manos de Dios sabiendo que se la va a devolver con la resurrección. Ojalá Dios nos dé esta tranquilidad y esta paz a la hora de nuestra muerte. Él nos enseñó el buen morir, porque si nuestra alma cae en “sus manos” no hay qué temer.

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