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El maestro retirado Por Lic. Francisco Taveras Ortiz El día 30 del corriente mes está diseñado en nuestro calendario escolar como Día del Maestro. Propicia es la ocasión para señalar cuando ingresa un nuevo miembro al servicio docente, una buena parte del magisterio local se entera por diferentes medios, ya porque sus compañeros de escuela los reciben jubilosos, algunas veces no tan alegres y/o algún miembro de ADP lo busca para enrolarlo en su fila. Los años pasan y cuando éste se retira después de cumplir 20, 30 ó más años; en su defecto, quizás antes, aquejado de alguna dolencia, a penas lo saben sus familiares más cercanos y los maestros de su entorno. Aquel que llegó con un almacén de inquietudes, ilusiones, esperanzas y aspiraciones, se retira cabizbajo, con ciertas amarguras, algo frustrado, ya enfermo, cansado, olvidado por aquellos que una vez los buscaron para organizarlo en su fila; con un salario que quizás sólo les alcance para hacer un te de hojas de naranjas, o talvéz para un jugo diario de la misma fruta. Los jubilados y pensionados mediante la ley de educación 66/97 han tenido mejor suerte o los nuevos tiempos les han sonreído, pero aquellos que recibieron este beneficio con anterioridad a esta ley, devengan un sueldo de hasta $2,010.00 mensual. Nadie hace sentir su voz a favor de este humilde docente retirado y la ley de educación se incumple, pues la misma consigna en su capítulo II, artículo 70, párrafo único los sueldos de los docentes pensionados y jubilados serán revisados cada 3 años para hacer los ajustes adecuados a la variación del precio del país pero nunca serán menores que el sueldo mínimo del sector oficial. Esta disposición beneficiará también a todos los pensionados y jubilados que estén vivos al momento de promulgarse la presente ley. Hay que tener fe; un día tendremos un gobierno que implemente la ley en toda su magnitud. Para aquellos que reciben un salario que los sitúa por debajo de la línea de pobreza, se hará justicia y el maestro retirado no tendrá que sufrir el aguijón de la tristeza; satisfecho esperará sus últimos tiempos, con la tranquilidad, de que su labor en el magiserio ha sido reconocida.
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