Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 442,
Edición 1
de junio del 2006, Rep. Dom.

Saber perdonar

Por Luz Minerva Jerez,

El perdón nos da la oportunidad de empezar de nuevo. Decir con verdad perdón es dar o recibir libertad, reconciliación, amor.

Es dejar de ser esclavos de nuestra biografía, de liberarnos de nuestras hipotecas. Es una palabra de madurez ya que supone comprensión, libertad, apertura y esto no se improvisa, sino que se da a través de una reflexión profunda en cada persona, cuando lo practica.

En los últimos años psicólogos, psiquiatras y pedagogos han enriquecido la biografía psicológica de la palabra perdón, ya que perdonar no es un gesto solo religioso, sino ante todo humano. Perdonarse y perdonar es amarse y amar; reconocer mayor que la culpa o el error.

Perdonar es aceptar todos los colores de nuestro arco iris personal sin pretender quitar ninguno. Perdonar es demostar nuestro narcisismo e ir poco a poco humanizándonos y liberándonos de algo que nos destruye y no te deja crecer.

Saber pedir perón es confiar en la magnanimidad del otro, reconocer, con verdad, nuestro error, ofreciéndonos ante el otro sabiéndole capaz de integrar y superar nuestras limitaciones. Recuerda que perdonar es ofrecer al otro un camino de liberación.

El perdón es como una hoja firmada en blanco donde se puede escribir cualquier cosa. Aprender a pedir perdón y perdonar es aprender a vivir en lo humano, ser capaces de trenzar una historia en la que exista trigo no cizaña.

Siempre debemos inclinarnos al perdón. Dios es un Dios de perdón. Lo ejerce constantemente, ya que ningún ser vivo es inocente, frente a él, todos necesitamos de ese gesto bondadoso y él no lo niega a nadie. Haz tu lo mismo, perdona a quien o quienes te hayan ofendido, sin mirar el rango. Juan Pablo II fue un ejemplo al pedir perdón de manera expresa veinticinco veces, perdon por los fallos y pecdos de la Iglesia.

Debemos perdonar sin cansarnos jamás, un dia tras otro. Si es preciso, mil veces al día como plantea San Mateo, capítulo 18, 21-22 “Perdonar setenta veces siete”. Es decir, siempre.

NOTA: La primera entrega de este artículo se publicó en la primera edición de abril.

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