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Acciones de hombre Por Vailma Fernández El 25 de junio de este año, se cumple el 41 aniversario de la gesta de los jóvenes mártires y héroes caídos en San Francisco de Macorís, en el 1965, y es propicia la ocasión para citar una hermosa narración contenida en el libro "San Francisco de Macorís Intimo", del profesor Eugenio Cruz Almánzar, en su edición del año 1969 (páginas 12 y 13). Cuenta el ilustre profesor Don Eugenio Cruz Almánzar, que días después del 27 de Febrero del 1844, en el pueblo de San Francisco de Macorís, "corrió la noticia de que los haitianos habían reaccionado de la sorpresa del 27 de Febrero, y venían al desquite con gran ejército por el sur y por el norte, de la recién creada República Dominicana, y el Comandante de la plaza, don Manuel Castillo Alvarez y el jefe militar Don Baltasar Paulino, se aprestaron a preparar una columna de voluntarios y reclutados para ir en ayuda de Santiago, que era el punto de vista de la tropa haitiana que venía por el norte y al efecto, hicieron disparar en la plaza de Armas, los tradicionales "Tres Cañonazos de Alarma", costumbre que se usaba si está la Patria en peligro o cuando tenían las autoridades que comunicar algún gran suceso en el pueblo". El Profesor Cruz detalla que cuando estaban reunidos en la plaza, el Comandante Manuel Castillo, "vio a un muchachón endeble y raquítico con un macutico colgando de un hombro, lo llamó para preguntarle: ¿Qué busca? Respondiendo el joven, que venía a alistarse para pelear contra los haitianos, a lo que replicó el Jefe, ya de edad madura: Estas son acciones de hombres, ve y dile a tu padre que venga él. Contestando el adolescente: Yo no tengo papá. Entonces el Comandante le dijo: Ve a cuidar a tu mamá. El joven, avergonzado por le diálogo sostenido en público y sin atreverse a replicar a una persona mayor y además jefe Superior de la Plaza, se retiró, pero con la idea preconcebida de irse al camino por donde debía salir la tropa, para mezclarse furtivamente en la formación que iba hacia Santiago, y así lo hizo y cuando el Comandante Baltazar Paulino, que capitaneaba el batallón se dio cuenta de su presencia, lo tomó a su lado y luego contaba de su arrojo y denuedo en el combate. Este principio de hombre, fue nada menos a quien luego se llamó General Cayetano de la Cruz, héroe de la Independencia, varias veces comandante de Armas de San Francisco de Macorís y Prócer de la Restauración". Este hecho, acontecido hace 162 años, mueve a recordar a los jóvenes mártires y héroes de San Francisco de Macorís caídos en el 1965, que, al igual que Cayetano de la Cruz, supieron honrar el momento histórico que les tocó vivir, y como soldados, decididos se dispusieron a enrolarse en las filas del ejército libertador, para enfrentar a los enemigos de la Patria, hasta ofrendar sus vidas si era necesario. Ellos entendieron que sí era "cosas de hombres" cuando sin vacilación y con la hidalguía que caracteriza a los valientes, trillaron el camino en busca de la libertad y la justicia, sin importarles toda la carga de sacrificios, riesgos y peligros que presentara esa decisión. Su entrega, como fuente inagotable de dignidad y decoro, nos compromete a cuidar y preservar los principios y valores por los que ellos lucharon hasta morir. Erigir un monumento en nuestra ciudad, como símbolo del reconocimiento que los hijos de este pueblo le dan a su heroísmo, es el mejor homenaje que podemos rendirle, para que las futuras generaciones se nutran con su ejemplo y sientan el orgullo de su estirpe sin igual.
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