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Pedro Francisco Bonó en el centenario de su paso a la inmortalidad Por: Roberto Santos Hdez. Toda la cultura material y espiritual puede ser estudiada como aristas de la Historia: la evolución en la construcción de viviendas, obras civiles y militares, evolución de la salud, la educación, religiosidad, artes, creencias, lengua, comunicación, tecnología, las ideas políticas y jurídicas, la economía, la estructura social. Desde la más remota antigüedad occidental u oriental ha habido personajes que simbolizan lo más digno de una época en un espacio específico. La provincia Duarte tiene deuda de gratitud con muchos personajes como Olegario Tenares, Pelegrín Castillo, Gabino Alfredo Morales, entre otros; pero el activo histórico más encumbrado, quien viviera por más de cuatro décadas en esta capital del Nordeste lo fue indiscutiblemente, el Repúblico, literato, legislador, humanista, sociólogo, magistrato y paradigma del servidor público, Pedro Francisco Bonó. Porque la cronología de Pedro Francisco Bonó fue puesta en circulación en el presente año y entregada a cada escuela de la Provincia Duarte, gracias al auspicio de la Asociación Duarte, en el presente artículo sólo se abordan generalidades. Bonó fue integrante de la vanguardia que asimiló la Filosofía Política y la dignidad patriótica de Juan Pablo Duarte. Esta realidad se expresa en su participación como secretario de Franco Bidó en la batalla de Sabana Larga, en su accionar político en la Primera República; se percibe en la vanguardia ideológica, en sus aportes en la comisión redactora en la constituyente de Moca del 1857 y en su lucha radical contra las ideas retrógradas representadas en Pedro Santana y Buenaventura Báez. También fue integrante del gabinete presidencial del gobierno Restaurador de la República en armas en 1863. Como legislador concibió la inmunidad diplomática, propugnó por un gobierno federal para enfrentar la centralización y las guerras civiles. Creó un plan estratégico de combate, el cual fue consensuado luego con Ramón Mella, planteó la reorganización del ejército y la creación de un Banco Nacional. El personaje objeto del presente estudio, ocupó la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública en el gobierno de Cabral en 1867. En ese momento hubo un despertar educativo: contrató a Ramón E. Betances como técnico asesor extranjero para la educación superior. Era el momento en que florecían el colegio San Luis Gonzaga y el Instituto Profesional. Este último por decreto de Ramón Báez en 1914 fue declarado Universidad de Santo Domingo. Su auténtica vocación de servicio, humildad y desinterés personal se reflejan al declinar posiciones de primera orden en la estructura política para ser Regidor de nuestro Ayuntamiento Local o Comisionado de Agricultura en La Vega. Su humanismo se percibe como colaborar de las obras humanitarias del Padre Billini, como médico popular, en las vacunaciones contra las viruelas y en su identificación con los pobres y los trabajadores. Esta realidad está presente en sus publicaciones y en las palpitaciones de su proyecto de nación. Pedro Francisco Bonó tiene la principalía en República Dominicana de publicar la primera novela social: El Montero, con escenario y ambiente físico - geográfico y social eminentemente nordestano. Emilio Rodríguez Demorizi sostiene que el segmento social de los monteros no quedó sepultado en el subconsciente de nuestra historiografía local, gracias a que su autor lo rescató y eternizó su recuerdo por medio de su obra. Esta publicación del 1848 junto a Apuntes sobre las Clases Trabajadoras Dominicanas, 1881, le han merecido la singularidad del primer sociólogo nacional. Bonó fue reconocido y admirado por nacionales y extranjeros ilustres, también otros le veían con recelo y le temían... La estatura cognoscitiva, ética y capacidad de observación que le caracterizaron sólo eran posible en un sujeto con amplia vocación de servicio, conocedor de la América y Europa de su tiempo, consciente de las limitaciones objetivas que presenta el contexto en el rodaje moroso de la Historia, en la cual la voluntad de algún personaje es insuficiente para la anhelada aceleración de los procesos capaces de trascender el stadium de la anarquía, la tosquedad y la exclusión. Muy merecido fue el homenaje a Pedro Francisco Bonó mediante el cual se dispuso el traslado de su restos desde el cementerio municipal de San Francisco de Macorís a una urna especial al Panteón Nacional. Esto fue establecido en base al decreto 303-88. El año que discurre es el centenario del paso a la eternidad del autor de El Montero. Quienes como él no han vivido para el tener, el poder y el placer sus figuras se agigantan en el curso del tiempo. Siéntome dichoso de ser parte de un equipo del Comité de Homenaje a esta singular personalidad. Reconozco en este sentido los aportes de El Jaya y de la Asociación Duarte de Ahorros y Préstamos. El sábado 9 de septiembre próximo la Academia Dominicana de la Historia tiene concebido el IX Seminario de Historia Local en homenaje a nuestro mayor activo histórico: Pedro Francisco Bonó. Los cientistas sociales del Nordeste tenemos el desafío de ser anfitriones de esa rel evante actividad académica y científica. Pero la Patria pensada y añorada por Bonó es aún un proyecto en carpeta. El onomástico del centenario de su paso a la eternidad no puede limitarse a idolatrar, contemplar y admirar la relevancia en el pasado. Quienes abrevamos en el pensamiento y vida de Bonó podemos nutrirnos de sus valores, para asumir los desafíos que nos presenta la tosquedad, la hipocresía, la cosificación utilitarista y pragmática del mundo de hoy con su correspondiente depredación progresiva de los espacios públicos y colectivos.
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