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Gobierno Dominicano una difícil realidad Por Julián Ulerio Si intento echar un vistazo a vuelo de pájaro para chequear ligeramente lo que podría ser la confirmación de lo que sólo puedo ver desde mi apartado rincón politizado, estaría entonces sumándome a los tantos opinadores de vista corta, que sólo cantan con halagos o críticas la canción que se ajuste a la economía de sus intereses. Mas aun, sí vuelo muy alto y selecciono los lugares donde he de fijar mi vista, entonces podría distraerme con lo parcialmente observado, y emitir un juicio equivocado respecto a la realidad general. Debemos entender en primer lugar que, el ejercicio de un gobierno respetable, no debe resumirse en las pretensiones de permanecer en condiciones promediamente aceptables, promoviendo como hazañas superiores sus obligaciones normales, cuyo cumplimiento le es imprescindible para su sobrevivencia. Muy por el contrario, cuando el gobierno como persona moral se respeta a si mismo, debe cumplir dos objetivos para promover bienestar en la población que gobierna. Estos dos espinosos factores son: Transformación y Desarrollo. La primera es la base de la segunda. Ambas, implican independencia de acción. Ambas implican sacrificio de intereses inferiores. Ambas implican el ejercicio de un poder sinceramente ordenado y por tanto libre de compromisos con intereses nacionales o foráneos. Cuando un gobierno tiene exceso de complacencia, por ley de entropía, termina siendo absorbido por el sector de mayor poder. Cuando un gobierno tiene exceso de diplomacia, por la misma ley, termina siendo absorbido por la nación de mayor fuerza. Cuando un gobierno se ajusta a las demandas de una dependencia extranjera, termina negándole el derecho a su pueblo. Termina descuidando los valores sagrados de una economía autónoma y los valores sagrados de su identidad cultural. ¿Qué sucede con nuestro bien intencionado o no, gobierno? Pienso que estas tres interrogantes pueden sintetizarse en una sola: ¿Hay o no rectoría en el Estado Dominicano? Los hechos y sus causas nos arrojan una respuesta negativa por una virtual ausencia de orden. Y es que cuando se quiere establecer una democracia sin una base organizativa hija de un orden eficientemente funcional, se genera inevitablemente una crisis de autoridad; entonces, la crisis de autoridad genera corrupción; la corrupción genera delincuencia, trayendo esto como deprimente consecuencia la presencia de una sociedad caótica, producto de una población desamparada. No solo esta parte se le escapa de las manos Señor Gobierno, sino que se está perdiendo el puente inteligente que debe existir entre la macroeconomía y el dinamismo económico de los sectores de menores ingresos. Se está abriendo una peligrosa brecha que sólo con medidas económicas de integración organizada de clases, puede empastarse. Si existe en los hombres del partido de Liberación Dominicana, la idea de honrar al profesor Juan Bosch, haciendo viable la participación de todos en la dinámica económica nacional, es urgentemente necesario trabajar en procura de que nuestras clases se organicen en un proceso integral de derechos y activa participación. Hay que recuperar la presencia organizada de nuestra clase campesina. Hay que organizar la capa intelectual del país. Así como fomentar la creación de instituciones resortes, que se extiendan hasta los barrios más remotos. Es dorsal que sean activados los sindicatos para fortalecer a nuestros hombres de trabajo (Si se quiere imitar a Estados Unidos, llamémosle unión). El progreso de una nación no se logra intentando abolir estratégicamente las clases humanas, sino más bien fortaleciendo su existencialidad institucional. La clase conformada por los patronos o mejor dicho clase de poder, debe ya madurar lo suficiente, a fin de no seguir viendo como garantía de sus cuantiosas ganancias, la existencia lamentable de un cordón enfilado de desempleados, dispuestos a relevar, sometiéndose a los caprichos de estos caciques modernos. La transformación de la sociedad, no puede esperar, y todos los dominicanos, ricos y pobres debemos estar dispuestos a conseguirla.
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Gobierno Dominicano una difícil realidad |