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LA VIDA VERSUS LA MUERTE Por Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes En torno a la muerte giran todas las culturas y organizaciones sociales. Así, su concepción de la muerte como fin o como tránsito, su creencia en una vida después de la muerte, están entre los tantos elementos que inciden como condicionantes para la actuación de los individuos en un sentido u otro. Asimismo la idea de inmortalidad y la creencia en el Más Allá aparecen de una forma u otra en prácticamente todas las sociedades y momentos históricos, por haber necesitado los seres humanos creer en ello como cláusula de cierre que otorgue real sentido a su existencia. En el mismo orden la existencia de la vida ultraterrena ha quedado bajo el arbitrio y decisión de cada ser humano en el marco de los conceptos dados por su sociedad, la decisión de creer o no creer y en qué creer exactamente. La esperanza de vida en el entorno social determina la presencia en la vida de los individuos de la muerte, y su relación con ella. Es por esto que el tipo de muerte más importante para el ser humano es sin lugar dudas la propia., teniendo por consecuencia las reflexiones resultantes de ella un cúmulo de interrogantes. En primera instancia nos preocupa saber, ¿cómo puede ser determinado el momento exacto de una defunción?, lo cual resulta importante por innumerables motivos, entre ellos : Conocer con certeza el instante de una muerte sirve entre otras cosas para asegurar que el testamento del difunto será únicamente aplicado tras su muerte, y en general guiarnos con respecto a cuándo actuar apropiadamente ante una persona difunta. Históricamente los intentos por definir el momento preciso de la muerte han sido problemáticos. Antiguamente se definía la muerte (evento) como el momento en que cesan los latidos del corazón y la respiración, pero el desarrollo de técnicas de resucitación cardiopulmonar ha desafiado estos conceptos. Actualmente es posible reiniciar el latido del corazón y la respiración una vez detenidos. Hoy en día, cuando es precisa una definición del momento de la muerte se suele recurrir a la "muerte cerebral" o "muerte biológica", por la cual se considera difunta una persona cuando cesa la actividad eléctrica en el cerebro. Se cree que el cese de actividad eléctrica significa el fin de la conciencia. Algunos consideran que es suficiente con el cese de actividad eléctrica sobre la neo-corteza del cerebro para determinar la muerte, ya que se cree que es allí donde se localiza la conciencia. A pesar de esto, en casi todo el mundo se emplea aún la definición más conservadora, por la cual se considera difunta una persona tras el cese de actividad eléctrica en todo el cerebro. Otras preguntas a que nos llevan las reflexiones sobre la misma, se refieren al surgir de la muerte humana y tal vez la más interesante es qué ocurre al espíritu, conciencia o alma de un ser humano tras su muerte. Preguntas sobre la existencia de la vida después de la muerte o la reencarnación, continúan hoy en día como parte de nuestro sentir y discernir, pero siempre teniendo por centro y explicación razonable que un ser superior quía nuestra vida y nuestro destino. Todas estas inquietudes humanas con respecto a la muerte han motivado el desarrollo de las religiones organizadas, las cuales han jugado un rol esencial al fortalecer nuestra fé y enseñarnos que tras nuestra vida terrenal existe realmente una mejor que nos la ofrece un Dios misericordioso, glorioso y todopoderoso, quien además de que podemos palpar y sentir da explicación a nuestra existencia y es la fuente real que sustenta la esperanza que surge tras la muerte de nuestros seres amados o ante la conciencia de la muerte propia.
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