Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 447,
Edición 2
de agosto del 2006, Rep. Dom.

El país que queremos

Por Lic. Francisco Taveras Ortiz

Se ha perdido el propósito de nación, donde cada sector proclama su favor de manera particular, sin importar el daño o pérdida al resto de ciudadano /a. No se puede vivir en un permanente desorden, donde se practique la conveniencia de manera particular.

No hemos definido el país que queremos, ni ha habido un proyecto de nación; es por ello, que al dictarse o implementarse medidas regulatorias, el sector que se siente perjudicado clama por una enmienda; incluso, apuesta al cansancio del gobierno postulando que las mismas sean transitorias y hasta pidiendo que el gobierno viole sus propias disposiciones bajo el pretexto que en ocasiones así ha ocurrido, y tienen razón en esto último.

En estas condiciones ¿es nuestro país sostenible? ¿Acaso queremos un país de bailadores, borrachos, holgazanes, prostitutos, prostitutas, saltimpanquis y que siga la fiesta? O por el contrario aspiramos un país de trabajadores, estudiosos, profesionales, intelectuales, satisfechos, honestos, felices, amantes de la naturaleza, continuador de nuestras culturas y tradiciones, respetuosos de nuestros símbolos patrios y héroes nacionales.

Ahora bien, un país donde sólo se trabaje sería insoportable. Las regulaciones tienen que coexistir con otras que permitan la libertad (no el libertinaje), respeto, garantías públicas, diversión y satisfacción de las necesidades básicas, descanso y hasta el ocio. Pues tampoco debemos aspirar un país de alienados.

Existen lugares, cuyas regulaciones tocan hasta controlar el número de hijos/as que las parejas deben procrear (China Continental) y se permita tener un solo hijo/a, si la pareja quiere más de esa cantidad, es sometida a rigurosa supervisión y mediante esta supervisión permiten tener o no más hijos; y en Miweeke, EE.UU., sólo se permita la venta de bebidas alcohólicas hasta las 9:00 p.m., en supermercados.

Las regulaciones establecidas deben alcanzar las élites, ricos y clase política, principales protagonistas de privilegios y medalaganarios; casi siempre las regulaciones sólo alcanzan a los desposeídos de la fortuna y poder, y así no debe ser.

Todos tenemos que hacer aportes para vivir en un país en paz, pero absolutamente todos (los de arriba y los de abajo) hacer los esfuerzos necesarios si queremos dejar a nuestros hijos y nietos un país vivible, donde el interés nacional prevalezca sobre el interés particular y nos sintamos orgullosos /as de ser dominicanos /as.

Un país en chercha permanente tiene pocas posibilidades de sobrevivir en un mundo competitivo y globalizado, a la puerta de entrar en vigencia en el TLC con Centroamérica y Estados Unidos, donde estamos obligados a producir con calidad para poder competir en igualdad de condiciones de los demás países amigos.

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