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Se puede superar la timidez Por Dr. Luis J. Báez del Rosario Para mi una de las causas condicionantes de la timidez, háganme las observaciones de lugar los profesionales de la conducta humana, si en mi apreciación estoy equivocado, es la sobreprotección de la madre en la temprana edad o infancia del ser humano, esquemas autoritarios en su formación y desarrollo, sobre todo y en los casos que ésta sustituye la figura paterna por las circunstancias que fueren, y en que concentra en sí misma toda la autoridad y responsabilidad que debía ser compartida, y que se ve compelida a ejercer sin ningún otro apoyo. La madre que en exceso de amor y celo en sus deberes resuelve desde las más simples cosas hasta las más complejas, va haciendo inconscientemente del hijo o la hija un objetivo sin voluntad ni decisión, que no puede valerse o bastarse a sí mismo o misma, éste o ésta son instrumentos subordinados a la voluntad de la madre, se sienten torpes e impotentes de enfrentarse a la vida, y esta misma situación los aisla del entorno social en que están llamados a interactuar. El ser humano tiene habilidades y potencialidades que puede desarrollar al máximo, sin embargo en las personas que tienen esa capacidad y posibilidades la timidez los limita o cohíbe de desarrollar y dimensionar tales facultades humanas, que en algunos es un privilegio, una excepción. Toda persona tímida rehuye en ocasiones compartir socialmente con los demás, en actividades que participan grupos o hay concentración de público, menos se auto aisla del círculo o entorno. El tímido o tímida piensa, y ello es parte del fenómeno, que si habla molesta, inclusive en reclamar un derecho, que no se trata en modo alguno de un favor, sino derecho que legítimamente le asiste reivindicar ante cualquier instancia, autoridad o estamento. La persona tímida estudia, hace un ejercicio mental previo, de las palabras o términos que va a emplear ante su interlocutor, por temor al rechazo o fracaso sobre cualquier pedimento, requerimiento o pretensión, aún, y para solo citar un ejemplo, una declaración de amor hacia alguien que le atrae, suda, sonroja, tartamudea, hace algunos movimientos con las manos, manifestaciones propias de su estado de nerviosismo e inseguridad. El tímido o tímida, cual género se trate, bloquea involuntaria e inconscientemente su autoestima, se siente disminuído o inferior a las demás personas que le rodean, amigos o propios familiares, lo cual no se corresponde con la realidad, sólo una onnubilante barrera a la personalidad que crea como un fantasma que no sale de su atrapado mundo, cuando en muchos casos tiene condiciones y aptitudes muy superiores a las de otras personas con las que se relaciona tímidamente. El articulista puede dar constancia o testimonio sincero de ello por experiencia vivida, yo he categorizado en la membresía de los tímidos, que hay muchos, y también pasado por algunos trances que reducen, como aislantes de la misma timidez, al mutismo e impotencia, logrando superar parcialmente la timidez, no de manera defitivia, todavía quedan vestigios de ella, casi imperceptibles. En contraste con mi timidez elegí por vocación dos profesiones que requieren por su misma naturaleza el arte de la oratoria, la improvisación de la palabra, hablar en público, a veces ante un público culto, como es el derecho y la comunicación, y en que los oídos cultos están atentos a elementos rigurosos en el arte del bien hablar, dicción, léxico, coherencia, seguridad, que son, entre otros, los que dan elegancia al discurso y cautivan al auditorio; cualquier desliz o atropello al lenguaje, al discurso, descalifica implacablemente al orador. Mi incursión y pininos en la radio, en los medios de comunicación, apenas despidiendo la adolescencia, fue la herramienta más idónea, más eficaz y expedita para sociabilizar con los demás, diferentes públicos, momentos y escenarios, fue mi difícil prueba de fuego, sobre todo y a diferencia de otros, por una timidez que se tornaba en pesadilla en principio, y cuando me correspondía actuar en cualquier actividad, imagínense ustedes el pánico escénico que entra por el cerebro y constituye en una muralla momentánea y fugaz de la expresión oral, sucede en ocasiones en personas extrovertidas, algunas de ellas locuaces, pero que cuando están frente a un micrófono, a un público, sudan, como se dice en el argot popular, la gota gorda, en el tímido, que por su misma condición es introvertido, el efecto es todavía más acentuado y evidente. Se puede, por experiencia, superar la timidez de mayor a menor grado, proque siempre, eso deben tenerlo por cierto, habrán mínimos reflejos del fenómeno, y que en determinado momento o situación afloran en coloquios e interlocutorios sociales y personales, no podemos sustraernos a esa realidad, ni escapar a su ocurrencia eventual. Yo he sido en mi vida personal y ejercicio profesional uno de los héroes que ha vencido en gran parte, considerablemente, diría, la timidez, admitir que no es del todo fácil, es ser sincero consigo mismo, de que aún y al igual que muchos que no entran en la categoría de tímidos, subyace como lógico y natural en el ser humano, independientemente de la capacidad y experiencia del sujeto interviniente o actuante en cualquier acontecimiento o evento, el pánico escénico, algo que estará siempre presente en el preámbulo de una actuación, con el que tenemos que aprender a convivir cotidianamente y dominar si queremos salir airosos de la prueba y no ser dianas de la crítica y ridículo. Los tímidos, porque todavía y a los años, quizás menos que ayer, podemos ser no sólo buenos oradores o comunicadores, excelentes como los que han tenido la suerte de no tener los peñascos bloqueantes en el ejercicio de la palabra, hasta con más fuerza, coherencia, elegancia, y ocasiones, matices poéticos, que estos, depende de nosotros mismos, valor, voluntad, esfuerzo, seguridad, ejercicio sistematizado en un fín delineado y concreto, superar ese escollo interior que nos condiciona negativamente, que si lo permitimos por no luchar, nos minimiza o desvaloriza sin razón, por lo que debemos imponernos una meta sostenida, que no es otra que superar la timidez. La vida en sí es una batalla diaria contra las más desiguales y adversas circunstancias, por la supervivencia y la superación humana, la batalla contra la timidez es una de ellas, podemos librarla y ganarla si nos lo proponemos, yo lo hice, si eres tímido o tímida también puedes, hazlo tú, después, con tu testimonio, me darás la razón.
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