Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 452,
Edición 1 de noviembre del 2006, Rep. Dom.

Generales | Deportes | Artículos | Lectura | Clasificados | Editoriales | Ediciones Anteriores

Un país carencial

Por Dr. Luis J. Báez del Rosario

El Decálogo o Tabla de los Diez Mandamientos impone como primer mandato divino a la especie humana, “Amarás a tu Dios”. Este mandato es transgredido, cuantos se han olvidado y apartado de Dios, sustituyéndolo por el dios material, el dinero, cosas triviales e intrascendentes en la vida, luego, carecemos de amor a Dios, y si no tenemos el deber de amar a Dios no podemos amarnos a sí mismos, menos aún amar a nuestro prójimo o semejantes.

Por esa desviada orientación empieza la descomposición de la sociedad dominicana de hoy; hemos dejado de amar a Dios y nos estamos deshumanizando.

Carecemos en muchos casos de principios morales y éticos, los cuales norman, dirigen y limitan nuestros actos, comportamiento frente a los demás, y por falta de ellos caemos inevitablemente en situaciones desenfrenadas, indelicadas, bochornosas y degradantes, que nos disminuyen moral y socialmente, que nos exponen a la crítica, al cuestionamiento crítico mordaz y provocado.

Carecemos de humildad, virtud que hace grandes, admirados y respetados a los seres humanos, para ser engrandecidos o arrogantes, pedantes, entre otros repelentes defectos por la sociedad en su entorno o en círculos cerrados de amigos.

Carecemos de responsabilidad cuando en momentos y circunstancias efervescentes, exasperantes y controversiales, evadimos o rehusamos asumirla sin reparo, dando margen a situaciones ocurrentes que se tornan críticas o peligrosas por nuestra falta personal.

Carecemos de autoridad, siendo el principio de autoridad fundamental en el Estado y la Familia, por vía de extensión y consecuencia en instituciones públicas, privadas y de la sociedad en términos globales, y que están encausadas a la obediencia, orden, respeto y equilibrio, y que de lo contrario hacen permisible el caos y anarquía, pasando de sociedad a selva, fenómeno que actualmente se está dando en nuestro país y en que ciudadanos desaprensivos desafían o imponen a la autoridad con su indeseable o antisocial comportamiento.

Carecemos de amor por nuestra Patria, de orgullo y honor de ser dominicanos, y por eso estamos corriendo el riesgo de perder nuestra identidad como Nación, sin importarnos el concepto de Nación, y ser hijos de una Nación.

Carecemos de amor, respeto y veneración por los valores y símbolos patrios, hemos sido ingratos en reconocer el sacrificio de nuestros héroes por la libertad y soberanía de la Patria, preferimos la transcultirzación, las malas raíces, nunca las más sanas, de otros países, su influencia alienante y negativa, así somos, ¡qué pena!.

Carecemos de agua, luz, educación, salud, alimentación, techo digno, un salario decente para subsistir, de otros servicios y prerrogativas prioritarias para la sostenibilidad y crecimiento humano, como criaturas de Dios con derechos a accesar a ellas.

Carecemos de honestidad y transparencia en el ejercicio de una función pública o privada, sobre todo cuando administrativamente tenemos accesibilidad a recursos, pasando a la deplorable y vergonzosa condición de corruptos y corruptores.

Carecemos de buen sentido y escrupulosos cuando somos capaces de llamar y tratar como señores y honorables a los corruptos de impecable atuendo para confundir a la sociedad, haciéndonos cómplices de sus premeditadas y alevosas acciones en perjuicio del Estado o la sociedad.

Para concluir sin más y más, tenemos muchas carencias humanas, materiales y espirituales, valores y principios ausentes de la sociedad dominicana de hoy, el amor, la solidaridad, sinceridad, generosidad, autoridad, responsabilidad, patriotismo, dominicanidad, respeto, fraternidad, amistad, íntima comunicación con Dios y preceptos divinos, seguimiento al ejemplo y enseñanzas de unigénito hijo Jesucristo, y otras, por lo que somos no otra cosa que un país carencial, para no darle otro título o designación adjetiva, tal la realidad y circunstancias que estamos viviendo.