Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 454,
Edición 1 de diciembre del 2006, Rep. Dom.

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Iglesia Abierta

Jesucristo y Santa Claus

Por Padre Isaac García

Herbert McLuhan fue el primero en hablar del mundo como una "aldea global" y de la humanidad como una "tribu planetaria" y eso, que a la hora de su muerte (1981) no conocía la Internet, ni un sinnúmero de descubrimientos y avances que llegarían con el siglo XXI, la influencia de la radio y la Televisión en la sociedad, los atentados terroristas, las recientes guerras y cómo el comercio se cuela en todas las realidades humanas, acomodándose a cada una de ellas. En este contexto se enmarca la Navidad y podemos decir de principio que es divina y humana; divina porque su origen está en Jesús, y es su motivo; y, Humana, porque es una actividad del ser humano quien la promueve y organiza.

 Diciembre es el mes de la Navidad, de la Natividad del Niño Dios. Celebrada por primera vez en diciembre del año 354 d.C., cuando el Papa Liberio ordenó a los creyentes celebrar el nacimiento de Jesús el día 25 para hacerlo coincidir con la tan arraigada fiesta pagana del solsticio del invierno dedicada a la exaltación del Sol. Desde su nacimiento y hasta hoy la figura principal de la Navidad es Jesús, nuestro Salvador. Sin embargo, de un tiempo acá, las influencias externas al Evangelio han ido introduciendo otros elementos que han llegado a provocar hasta la confusión del verdadero sentido de la Navidad. Uno de esos elementos es la comercialización de la persona de Santa Claus o Santa Clos.

Daré por supuesto que las personas que leen este artículo conocen por lo menos mínimamente la vida de Jesús y los Evangelios; no tanto así, a Santa Claus.

 Nikelaos, Claus, en Inglés y Nicolás en español, nació en Licia, Turquía, hace alrededor de 1500 años, de padres muy ricos. Desde pequeño compartía todo con los necesitados. Al morir sus padres, siendo adolescente, distribuyó su fortuna entre los pobres. Ordenado sacerdote por un tío suyo que era obispo. Llegó a ser obispo de la ciudad de Mira. Fue muy amigo de la niñez. Se cuenta de un amigo que estaba en miseria y pensó vender sus tres hijas para que no murieran de hambre y él, enterado de la situación, bajaba por la chimenea, dejándole fantásticos regalos de oro y evitando así que las vendiera. También cada 24 de diciembre hacía regalos a todas las personas, especialmente a los niños, los cuales se rendían a los encantos de su contagiosa risa. Al morir (345 ó 352) la gente empezó a llamarle Santa Claus y se le reconocieron muchos milagros por su intercesión. Su fama se extendió por toda la tierra; en la actualidad hay más de 2000 templos consagrados a él y se convirtió en patrono y protector de los niños, los marineros, las fiestas navideñas y de Rusia. Su fiesta se celebra el día 6 de Diciembre.

Por el cariño que le tiene la gente a Santa Claus le llaman Papá Noel o San Nicolás. Sin embargo, el objetivo nuestro aquí no es conocer por detalles su vida, sino analizar su relación con Jesucristo.

Definitivamente que son dos personajes de la navidad. Y aunque disfrutamos mucho con santa Claus, es una pena que su figura se ha paganizado y comercializado tanto, hasta tal punto que la mitra de obispo fue remplazada por el hoy famoso gorro rojo, su cruz pectoral desapareció por completo y al llegar al Polo Norte es representado como el que viene por la nieve halados por venados. Su color rojo, por ser Obispo, atrajo el mundo comercial occidental, especialmente la Coca Cola, que lo convirtió en su personaje favorito para la pre-campaña publicitaria navideña. Fue así como nuestro santo Obispo, ha llegado a ser utilizado para todo y casi nadie se acuerda o le interesa su verdadera historia. Tan fuerte es esta realidad que me atrevo a afirmar que muchísimos niños hoy en día afirman que quien nació en Navidad fue Santa Claus y no Jesús, e incluso más grave, que la sobre promoción de Santa ha sustituido completamente a Jesucristo en la vida de muchas personas, lo que ha provocado no sólo que Jesús viva en menos corazones, sino que los bolsillos de algunos hayan engrosado grandes sumas de dinero, sin haber propiciado el más elemental de los actos del santo: la caridad.

Levantamos esta voz de alerta, no porque queramos quitar méritos a su accionar, sino para hacer coincidir su obra con la de Jesús al que el gran santo imitó con su propia vida y para que descubramos estas hermosas virtudes suyas y las pongamos en práctica, que es poner a Jesús en el centro de nuestro corazón. Con ellos volvemos a tener el verdadero sentido de la Navidad. Pero sin santa comercializado, con el Jesús que recibió la Virgen en sus brazos, ahora en nuestros corazones. Un Jesús que le regaló a Nicolás sus dones y que él colocó de manera tan alta, convirtiéndose en nuestro modelo de camino hacia Cristo.  

Sin embargo, vale la pena aquí resaltar algunos puntos de los que promueve la publicidad comercializada de la figura del santo para que descubramos que él está al servicio de la economía de la salvación y no de la economía mercantilista. Veamos: Se dice que Santa vive en el Polo Norte, Jesús está en todas partes (Mt. 28, 20); Santa se pasea en trineo, Jesús se pasea por el viento y camina sobre las aguas (Mc 6, 45-52); Santa viene una vez al año, Jesús es una ayuda siempre presente (Mt 11,29); Santa "llena" tus calcetines con regalitos, Jesús suple todas tus necesidades (Jn 6,35); Santa baja por tu chimenea sin invitación, Jesús se detiene en tu puerta y toca, después entra a tu corazón cuando tú lo invitas, no es violento (Ap 3,20); Para ver a Santa tienes que hacer fila, Jesús está tan cerca como el hecho de mencionar su nombre (Mt 8, 23-27); Santa te deja sentarte en sus piernas, Jesús te deja descansar en sus brazos (Lc 10, 38-42); Santa no se sabe tu nombre, todo lo que puede decir es "Hola ¿cómo te llamas?", Jesús sabe tu nombre desde antes de que nacieras (Jer 1,5),  no sólo sabe tu nombre, también sabe tu dirección. El sabe tu historia y tu futuro. (Jn 1,45); Santa tiene una barriga de un comilón, Jesús tiene un corazón lleno de amor para todo el mundo (Mt 11, 18-19); Todo lo que Santa puede ofrecer son sus regalos y su risa contagiosa HO HO HO..., Jesús ofrece salvación, perdón, salud, ayuda, esperanza (Lc 19,1-10); Santa dice: "No llores" "You better not cry", Jesús dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré” (Mt 11,28-30); Los pequeños ayudantes de Santa hacen juguetes, Jesús hace que tengamos nueva vida, repara corazones lastimados y arregla hogares rotos (Jn 3,3); Santa puede hacerte sonreír, Jesús te da la alegría que es tu fuerza (Lc 5,25), Santa deja regalos debajo de tu árbol, Jesús fue nuestro regalo en el pesebre (Lc 2,1-21) y murió en una cruz hecha de un árbol (Jn 19,17-30)

Concluyo diciendo que ojalá este acontecimiento que celebramos el 25 de Diciembre, sirva para detenernos un momento y reflexionar en que no es todo lo material lo que hace feliz a las personas, es precisamente ese niño Jesús, el que nació en un pesebre,  el que nos da la verdadera felicidad. Espero surjan en nuestra Iglesia hombres y mujeres que a imitación de Santa Claus practiquen la bondad y el desprendimiento para con las familias más pobres en este tiempo que nos llama a sensibilizarnos y compartir lo que tenemos.   

 Mis más sinceros deseos para ustedes en esta Navidad, que la paz y el amor que con el nacimiento del niño Jesús llenó a José y María de alegría, se manifieste en cada hogar del mundo;  pero también  recordemos  que esta es la época del año, en que dejamos un poco de lado las preocupaciones cotidianas, para reavivar el espíritu de solidaridad, de renacer a las buenas acciones, y hacer llegar a nuestros amigos, familiares y conocidos, nuestras mejores intenciones. Que nazca Jesús. Que nazca la paz en nuestros corazones, en nuestro pueblo, en nuestro país y en el mundo.