Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 455,
Edición 2 de diciembre del 2006, Rep. Dom.

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Un simple atraquito

Por Ricardo Bello

La reseña que a continuación van a leer, no es de ciencia ficción, proviene de la vida real y sucedió en una de las paradas de guaguas que transportan personas hacia las diferentes comunidades que pertenecen a la provincia de Salcedo. Por razones de ética y seguridad, omitimos los nombres originales de los actores en estos acontecimientos nefastos para la sociedad que estamos viviendo.

En una de estas paradas, se presenta un sujeto de tez blanca, pelo negro y estatura mediana, con un apodo muy despectivo, propio de un ave de rapiña de nuestra fauna nacional, hermano de un comerciante de esta ciudad de San Francisco de Macorís, para solicitar una carrera. Para estos fines se pone en comunicación con un chofer recién llegado; éste a su vez, se lo recomienda a otro chofer (la víctima), como una persona sin ningún problema.

Convienen el precio y lugar a dirigirse para este viaje. Una vez estando en aquél municipio, el pasajero lo mete por diferentes calles, callejuelas y callejones. En uno de estos vericuetos sorpresivamente es asaltado por unos maleantes que andaban en una yipeta y le quitan la suma de RD$31,000.00, dinero que no era de su propiedad, sino de alguien que le había hecho el encargo de pagarlo en una tienda de electrodomésticos de esta ciudad de San Francisco de Macorís.

Un día después se encuentra con uno de los maleantes en la avenida Libertad y busca dos policías para apresarlo. Lo llevan a la dotación policial de aquí, y tan pronto hace acto de presencia en dicha dotación policial, este sujeto intimida a los oficiales que le investigan diciéndoles que él no debe estar preso, ni se le debe fichar porque lo que él hizo fue un simple atraquito.

Cuando llega el momento de interrogar al chofer (la víctima), éste da todas las informaciones sobre el hecho y suministra el número de la placa de la yipeta y cuadno regresa para juntarse con el maleante, ya éste no estaba en el cuartel. Lo habían despachado por falta de pruebas y lo desconcertante de este caso es que la respuesta que le dieron fue la siguiente: la Yipeta era de un general y que no se podía hacer nada.

Muy apenado se fue a su casa y le comunicó a su esposa lo que le había sucedido. Luego se va a VERIZON a realizar una llamada a un sobrino que ostenta rango de Mayor de la Policía Nacional. El sobrino ofiical investiga el número de placa y efectivamente descubre que la placa corresponde a la yipeta de un general y la desconcertante respuesta que éste le da a su tío es la siguiente: “la placa es de un general, deja este caso así para que no te metas en líos”.

Amigo lector, estamos pagando impuestos a funcionarios y militares para proteger a los ciudadanos del flagelo de la delincuencia, y sin embargo estamos cada día más desprotegidos.

Lamentablemente este humilde chofer preservó la vida por la forma serena en que manejó su crisis y tuvo que tomar dinero prestado para devolver el dinero que le habían confiado como persona seria en esta parada de guaguas de San Francisco de Macorís.