Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 456,
Edición 1 de enero del 2007, Rep. Dom.

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¿Cómo alcanzar la familia ideal?

Por Marino Estrella Rodríguez

Dios y su pacto con la Familia
El proceso de alcanzar
la familia ideal

La familia perfecta no existe en la Tierra, pero sí se puede anhelar tener la “familia ideal”. Todo el que desee esto, debe pensar en el modelo que Dios ha diseñado para la familia, desde que comenzó a tratar con los primeros seres creados (Adán y Eva). Es importante saber que la familia ideal requiere que los intereses de Dios sean sus propios intereses.

La idea del matrimonio no nace en la mente del hombre, sino en la mente de Dios. Fue Dios quien consideró la parte afectiva del hombre, cuando dijo (Génesis 2:18): No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él. Dios los unió (Génesis 2:24) (Mateo 19: 5-6), y por voluntad de Dios llegaron los hijos al hogar (Génesis 4:1,2) (Salmo 127:3). La familia es un cuerpoo compacto de unión indisolubre.

Quienes aspiran tener la familia ideal, deben considerar lo siguiente: 1- Que la estructura de la familia ideal no está sustentada sobre las bases del buen apellido, ni del prestigio de la descendencia, ni de la solidez económica, ni de la prepración académica. Aunque todas estas cosas son importantes, quedan relegadas a un segundo plano, pero sí es imprescindible el fundamento de los principios divinos, de donde emanan los valores infalibres (que no pueden fallar), porque vienen del mismo Dios (Salmo 127:1) (San Juan 12:5) (Mateo 7:24,25).

2- Que las relaciones saludables y favorables se inician con el estado honroso del matrimonio (Hebreo 13:4), ya que las relaciones de esposos o conyugales, es el símbolo vivo de la relación que existe entre Cristo y su iglesia (Efesios 5:25, 28, 29).

El matrimonio saludable no solo procura la práctica de los sentimientos en la intimidad de la pareja, sino que se deleita en los beneficios que proporcionan los principios del amor de Dios, como la fuente que enriquece (Proverbio 10:22).

El matrimonio honroso es aquel que une a la pareja bajo la bendición de Dios y el estado legal, para vivir juntos hasta que la muerte los separe, siéndole fiel el uno al otro, dispensándose amor y respeto mútuos (Mateo 19:5,6) (Colosenses 3: 18,19).

3- Saber que el matrimonio sin la ayuda y sabiduría de Dios resulta una carga muy pesada, difícil de llevar para cualquier pareja.

El éxito del matrimonio no consiste en lo experto que seamos en materia de economía doméstica, en la crianza de los hijos, ni en lo romántico que seamos, sino en la sabiduría con que emprendamos cada situación, y esto solo puede darlo Dios (Proverbio 3: 13-15).

4- Que la pareja debe corresponderse mútuamente, y valorarse, estimándose como soporte y complemento el uno del otro, (Eclesiastés 4:9-11) (Efesios 5:28,29). La relación de pareja es más llevadera cuando ambos asumen con responsabilidad el papel que les corresponde, sabiendo que los principios del plan de Dios establecen reglas claras acerca del amor conyugal (1 Corintios 13: 4,5).

Debe saber el marido que pertenece a su mujer, y asimismo la mujer a su marido, ya que los dos son una sola carne (1 Corintios 7:3-4). Este sentido de unidad debe ser aplicado en todos los aspectos de su relación de pareja con sinceridad, no egoistamente.

5- Toda persona que va al matrimonio, debe hacerlo en su claro acto de conciencia, sabiendo que ha unido su vida con alguien que es diferente en todo, y que por tanto, somos sometidos a un proceso de adaptación, el cual llenará su cometido cuando se cultivan las relaciones en un ambiente de armonía, comprometiéndose cada uno a llevar los defectos al plano de las virtudes. Por eso, se necesita de manera permanente el respeto, la consideración, la tolerancia y el perdón (1 Pedro 3: 1,2,7) (1 Tesalonisenses 4: 3-5) (Proverbio 18:22) (Marcos 11: 25-26) (Romanos 12:3).