Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 458,
Edición 1 de febrero del 2007, Rep. Dom.

Noticias | Deportes | Artículos | Lectura | Clasificados | Editoriales | Ediciones Anteriores

El Rey Momo

Por Dr. Frank Diego Torres

Mimín, hijo de rabo de puerca en la vecindad del parquecito del cementerio, tumbador de jina de los centenarios árboles que adornaban dicho parque, maroteador de mangos en las fincas aledañas al río Jaya durante nuestro tiempo de “boy scouts”, jovial, popular, alegre y protector cual hermano mayor en los días de nuestra educación elemental en la escuela República del Salvador hoy Manuel María Castillo.

Maestro e intructor en las antiguas facilidades de artes y oficio de nuestra escuela donde guió, orientó y enseñó a varias generaciones, siempre con empeño, buen deseo y una fácil y amable sonrisa en todo momento.

Jamás recuerdo haberlo visto malhumorado y cuando menos lo esperaba soltaba algún chiste para romper la monotonía o alegrar el momento, amigo de todos y querido por tantos.

Escultor, pintor, decorador, maestro de ceremonia, humorista y humanista porque no hay cuerdo o loco en este pueblo que no lo conozca y sea testigo de su condescendencia y sana forma de ser. Más que nadie, ferviente amante de San Francisco de Macorís su pueblo y celoso defensor de nuestro folklore; siempre pendiente en las actividades donde sea necesaria elevar la estampa criolla a su máxima expresión y hacer lucir y brillar con orgullo la gloriosa estirpe de nuestra cultura, siempre con amor, abnegación y sacrificio.

Mimín Bonilla el artista, el maestro, el hermano, un valioso hijo de este pueblo del que estamos y nos sentimos orgullosos de que sea nuestro compueblano, de que sea parte de nosotros, de que sea figura propia de ese folklore que él tanto defiende y tanto ha trabajado por el que debería al menos ser reconocido como hijo meritorio de nuestro pueblo por nuestro Ayuntamiento Municipal, parece olvidado por las autoridades de esta ciudad.

Parece que la demagogia miopía y la conveniente amnesia que sufren nuestras autoridades electas, en reconocer nuestros valores autóctonos o reconocer y recordar las promesas hechas al pueblo es un mal contagioso, inutilizador e incapacitante que solo parece tener mejoría durante la proximidad de campañas electorales, donde se ven agudizados sus intereses en la cacería desenfrenada de votos (promesas de remover el mercado municipal y la pestilencia del centro de la ciudad).

Creemos que teniendo en cuenta la bien acertada designación y futura coronación de Mimín Bonilla como Rey Momo de nuestro carnaval, deberíamos aprovechar la oportunidd para que esta coronación se vea colmada por el reconocimiento público de nuestra Gobernación Provincial y Ayuntamiento Municipal a este valioso y distinguido hijo del Jaya, por su dedicado y desinteresado aporte de mensuras realmente incalculables a la cultura y artes plásticas en nuestro pueblo.

¡Reconocer en vida nuestros valores!

¡Honor a quien honor merece!

¡Larga vida al Rey Momo!