Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 460,
Edición 1 de marzo del 2007, Rep. Dom.

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Integridad

(Enero 26/2007)
(A: Monseñor Jesús Ma. De Jesús Moya)
Por Diógenes Rodríguez

Compañero consagrado de la aurora,
De negra túnica vestido.
Tu caminar taciturno por la acera,
hacia la cátedra orienta tu destino.

Voz de tonos modulados,
De incisivo y suave articular.
Soporte de pecados descargados,
Cirineo de la cruz particular.

Abrevadero de aguas apacibles.
Cofre sellado de dolor confeso.
Guía seguro en caminos indecibles,
Amigo fiel en jornadas y en recesos.

De Cristo servidor y fiel esclavo.
Que en la sabiduría te aposentas,
Para extraer de la cruz los clavos
Puerta de refugio en la tormenta.

En cada jornada siempre a tiempo,
Sin que un reloj a ser puntual te obligue.
Tu memoria sustituye el instrumento,
Modelo singular del hombre libre.

Es difícil de tus dolores conocer.
Cuanto sufres lo callas como un templo.
Si tus lágrimas llegaran a emerger,
Las verterías en la intimidad de tu aposento.

La discreción en tu alma hizo su nido.
La sabiduría se aposentó en tu mente.
Doblarte el sufrimiento no ha podido.
Sembrador de moral impenitente.

El alma de los justos se enaltece,
Ante la sencillez de tu presencia.
Tu humanidad es árbol que florece,
Y fructifica al fragor de tu sapiencia.

Tu sermón desde el púlpito se escucha,
cual saeta que traspasa el viento.
Aliciente eficaz para el que lucha,
Tejiendo las redes del adviento.

El sendero de tu vida está trazado,
Siguiendo del Mesías el camino.
Tu sermón en la cátedra expresado
Despoja del cetro a Montesinos.