Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 460,
Edición 1 de marzo del 2007, Rep. Dom.

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Ser como soy

Por Dr. Luis J. Báez del Rosario

Me siento bien de ser como soy, humilde en el trato y comportamiento social, sin “nubes” de un plástico “elitismo”, de un falso y delirante status que exhiben algunas especies desfasadas, mediocres e incoloras socialmente, a las que habría que clasificar en el paquete de los equivocados.

Desprecio la propotencia y pedantería de extrañas bacterias humanas que por sus gestos, ademanes y expresiones, son diana obligada de la crítica y rechazo en cualquier círculo de amigos.

Desprecio y evado compartir con aduladores y serviles, especies, para mí, descalificadas moral y socialmente, pues se trata de simuladores de “amigos coyunturales” en busca de presas para alcanzar con su empalagosa fraseología un fin determinado, actores maestros por su actuación en un teatro de hipocresía, y en los cuales no se puede confiar, abandonan sus presas cuando estas por las circunstancias caen en desgracia, entrando inmediatamente en coloquio con una influyente figura desplazante; por ello adulador y servil son las caricaturas del oportunismo y la traición.

Desprecio la demagoria como recurso político, y como tal al político demagogo, el cual es un grotesco mentirosos e impostor, habla a las masas para confundirlas y atraerlas de bondades que no posee, más bien extravíos y malos hábitos, promesas insustentables, vacías e imposibles, frustrando sus expectativas con artificial oratoria.

Desprecio y guardo distancias de quien no es sincero, leal y solidario con el amigo, en la universidad de la vida, de la cual he egresado con los honores del conocimiento de la naturaleza humana, he aprendido de experiencias ajenas y reservado las mismas en mi archivo mental para no ser otro hombre y número en la lista de la traición.

Desprecio a quienes con cinismo se hacen llamar “dominicanos” y “dominicanas”, disimulando y ocultando su antidominicanismo, mientras con sus discursos, pronunciamientos y actos conspiran contra la República, los que como traidores merecen la degradación cívica como justa condena, y un día, en la hipótesis de cualquier conflicto con nuestros enemigos históricos, ser fusilados ante un paredón.

Desprecio a quienes por un visado norteamericano o europeo, favor o privilegio, se entregan servilmente al poder extranjero, entregándonos como peones a sus viles mandatos, sombrías manipulaciones, sometiéndonos a siniestras y dominantes acciones como colonias humanas en sus redes absorventes.

Desprecio entre otras deformaciones humanas, reconociendo mis defectos, la envidia, el egoímso, antivalores que han prohijado fatalmente la competencia social, el individualismo que nos consume sustituyendo el espiritualismo y humanismo, que nos ha aparatdo de Dios y preceptos divinos, que ha roto con las sanas reglas de convivencia social, la solidaridad como expresión de generosidad y apoyo a nuestros semejantes, destruyendo nuestras esencias cristianas y conduciéndonos, quizás sin advertirlo, a la disolución inminente de la sociedad, la cual descansa fundamentalmente en la familia.

Soy como soy, configurado, ni más ni menos, a imagen y semejanza de todos en sus virtudes y defectos, dejaría de ser humano para asimilarme a una deidad, y ello es imposible, deidad única y superior sólo Dios; me siento orgulloso y no me arrepiento de ser como soy, tan humano y real como los demás; aprendí, y ha sido lo mejor, que los errores son materias básicas para enmendarlos, superarlos, formarnos intensamente en los niveles de experiencia con cada situación o caso vivido personalmente, conocer la naturaleza humana, establecer diferencias entre lo bueno y lo malo, transformarnos a sí mismos, transmitir nuestras experiencias y partiendo de ellas orientar por el camino correcto a aquellos que en el interregno de la juventud a la adultez pasan por la difícil prueba de la inexperiencia, por la que cometemos errores en nuestras vidas a veces sin proponernoslos, y que por el grado o profundidad del error puede tener un traumático costo.