Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 460,
Edición 1 de marzo del 2007, Rep. Dom.

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Se cumplen 37 años muerte del guerrillero Victor Domínguez

•Pedro Fernández

Victor Domínguez

Victor Domínguez

Los gobiernos del Dr. Joaquín Balaguer durante la denominada “Tiranía Ilustrada” de los 12 años, estuvieron salpicados de sangre, luto y dolor en las familias francomacorisanas que veían sus hijos caer bajo el imperio de la intolerancia, muchos a mansalva y otros heroicamente.

Uno de esos jóvenes fue Víctor Manuel Domínguez Aponte; hombre de temple, valeroso y firme en sus convicciones que mantuvo hasta su último aliento de vida, cumpliendo su promesa de morir “con las botas puestas”.

La historia de Víctor Domínguez se remonta al 1970 cuando, siendo aun muy joven, estudiante del liceo secundario Ercilla Pepin, se enroló en el movimiento revolucionario, específicamente el Movimiento Popular Dominicano (MPD) y a corta edad conoció de la furia de los organismos de seguridad del Estado cuando fue apresado tras una fracasada acción que se llevaría a cabo en la comunidad de Las Guásumas.

Tras la abortada acción de un comando emepedeista, develado por un agente del gobierno de nombre Nato que había infiltrado el movimiento, Víctor fue apresado, torturado y enviado a la cárcel publica junto a otros 4 jóvenes donde permanecieron por varios meses.

Tras su salida de la cárcel, ingresó a la Línea Roja del 14 de Junio donde permaneció un tiempo, descubriendo que no era el espacio que buscaba para enfrentar el régimen Balaguerista y luego del fracasado movimiento emancipador del coronel Francisco Alberto Caamaño y la muerte del héroe de Abril, producto de la Unidad de los Comandos de la Resistencia, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y Los Palmeros, surge el Movimiento de Liberación Nacional, mejor conocidos como Los Trinitarios, del que pasa a formar parte.

Su arrojo y valor le merecieron un puesto en la dirección nacional, destacándose en las acciones que llevaba a cabo la entidad revolucionaria de referencia.

Un enfrentamiento a tiros con los cuerpos castrenses donde cayó abatido Roberto Solano, permitió a los organismos de seguridad del Estado ocupar documentos de importancia de los Trinitarios e identificar a Víctor Domínguez que utilizaba el seudónimo de Mario y una cédula con su foto y el nombre de Ramón Arquímedes Sandoval Mejía.

A partir de ese momento la persecución contra los Trinitarios se extendió por todo el país, buscando desarticular las células que se habían formado, mientras por otro lado se les atribuían actos delincuenciales que buscaban desmeritar al grupo de jóvenes que luchaban contra la dictadura.

En esos aprestos fueron apresados y posteriormente desaparecidos varios miembros de los Trinitarios, entre ellos la joven Ignacia Javier, herida en una pierna y apresada en las cercanías de Los Alcarrizos la que fue llevada con rumbo desconocido y nunca se supo mas de ella.

El círculo en torno a Víctor se fue cerrando y a comienzos del mes de marzo del 1978 fue detenido en Salcedo un sastre conocido como Luís el que fue sometido a torturas para que delatara sus compañeros y aunque no ha podido establecerse si este reveló el escondite del militante revolucionario, los organismos de seguridad lograron ubicar a Domínguez Aponte en una residencia de Baní, donde vivía una tía suya.

Cuando al joven le aconsejaban cuidarse, este respondía….”No importa, si muero, voy a morir con las botas puestas, como un Trinitario”.

En las primeras horas de la mañana del 10 de marzo del 78, cuando las fuerzas Balagueristas hacían lo indecible para mantenerse en el poder, utilizando nueva vez las pañoletas rojas en los fusiles de los militares y grupos de sediciosos que buscaban amendrentar la población y obligar otra vez a la abstención electoral apenas a dos meses de las elecciones, una patrulla llegó a la calle Beller #29 donde residían Ercilia Aponte y Adriano de la Cruz, la primera tía del Trinitario y al tocar la puerta fue recibida a tiros muriendo en el acto, un oficial que la comandaba y los restantes integrantes escaparon dejando sus armas en el lugar.

A partir de ese momento comenzó un violento enfrentamiento que recesó cuando oficiales que le pedían que se entregara accedieron a que primero salieran los parientes del guerrillero urbano en compañía de dos monjas.

Luego de la salida de los que le acompañaban en la casa, Víctor Domínguez vociferó: “Ahora ustedes van a pelear con un Trinitario”, marcando el inicio de una desigual batalla que culminó varias horas después cuando el luchador revolucionario se disparó a la cabeza con el último proyectil que le quedaba, luego de ultimar a balazos varios miembros de los cuerpos militares que acudieron al escenario del tiroteo.

La muerte del hijo del luchador Guarionex Domínguez y Amantita Aponte, significó una gran pérdida para el grupo que fue diezmado poco a poco, desapareciendo con las muertes de sus principales dirigentes que fueron cayendo en distintos puntos del país.

Pese a su desaparición física, en el liceo Ercilla Pepin, el Curne viejo y las diferentes localidades donde Victor Domínguez, Mario o Ramón Arquímedes Sandoval Mejia, trabajó con sus convicciones firmes por la revolución, se recuerda su mensaje de puño apretado…”Habrá Patria, Haremos Patria!”.-