Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 461,
Edición 2 de marzo del 2007, Rep. Dom.

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Relata cómo lo secuestraron para sacarle órganos de su cuerpo

• Luz Esther Santos y Mercedes Pérez

Secuestro

Waskar Amaury quien pidio protegieran su identidad por temor.

Un joven que fue secuestrado por desconocidos en esta ciudad y trasladado a un lugar solitario de Santiago, relató que sus raptores tenían la intención de extraerle un riñón y otros órganos vitales de su cuerpo.

Wascar Amaury de Jesús Taveras de 26 años, narró que logró escapar milagrosamente con las manos amarradas en un descuido de quienes lo vigilaban.

Explicó que el domingo 25 de marzo salió a las 9:30 de la mañana con dirección al mercado a comprar unas frutas, y de ahí decidió ir a la Farmacia Santa María a comprar algunos medicamentos.

“Justamente al cruzar la calle Salomé Ureña con La Cruz, dos personas desconocidas me agarraron y me metieron bajo presión a un carro Corola de color dorado, modelo 97. No recuerdo más nada porque me pusieron en la nariz una sustancia pastosa y automáticamente iba perdiendo el conocimiento”.

Afirmó “lo que recuerdo antes de que quedara dormido, escuché que decían: “no podemos hacerle daño, para lo que lo necesitamos lo queremos en buen estado.”

Dijo que despertó como a las 8:20 de la noche, en un lugar cerrado, oscuro, sin ventilación. “No podía moverme, ya que estaba amarrado a una camilla con abrazaderas plásticas, tenía las manos atadas hacia alante y los pies roteado con cintas”.

“Como las manos estaban amarradas hacia delante, pude soltarme de los pies; me sentí desnudo de la cintura para abajo, sólo tenía los pantaloncillos puestos, percibí que tenía todo el pecho rasurado y la pierna izquierda con tres puntadas marcadas con pintura color morado.

Expresó que “la puerta estaba entreabierta, pude salir de ahí, no sabía dónde estaba, no recuerdo el lugar, porque me sentía aturdido quizás por el sonnífero que me pusieron; lo que sí puedo recordar es que el lugar por donde comencé a caminar era inestable, como si fuera fango, lodo, en ese lugar solitario.

Después de caminar unos 25 minutos del lugar donde estaba, empezó a ver zonas más pobladas pero no tenía clara la visión.

Agregó que “más tarde pude ver el letrero grande y luminoso de La Sirena. Al verlo dije: “Dios mío,...¿pero dónde estoy? ¡No estoy en San Francisco de Macorís?! Noté que estaba recuperando el conocimiento entonces me dije: no voy a detenerme, continuaré caminando”.

Luego alcanzó a ver la luz del Monumento. “Esto me hizo saber que estaba en Santiago; seguí caminando, tenía temor de acercarme a cualquier persona, porque la ropa que llevaba puesta (una franela blanca y un pantalón jean) me la habían deteriorado a tijerazos, estaban llenas de hoyos, anchas perforaciones; además aún tenía amarradas las manos y no quería que pensaran que era un delincuente.

Cuando pude salir de ese lugar y sentirme recuperado, ví a una persona a la cual me acerqué. Tuvo la gentileza de comprar una tarjeta para yo comunicarme con mi familia. Me escribió los números en un papel cartulina y me dijo: “Eso es lo que puedo hacer por tí, porque si te presto mi celular pueden intersectar la llamada y después tengo problema; ve y llama de un teléfono público que hay a dos cuadras”.

“ Dios me ayudó como pudo y llamé a mi cuñado, le conté lo que me sucedía; entonces él me reportó al Servicio de Inteligencia de San Francisco de Macorís y de allí llamaron al de Santiago y al poco rato fui recogido por una patrulla”, explicó Wascar Amaury de Jesús Taveras.

Sostuvo que “ya junto con la Policía tratamos de ir al lugar, pero no fue posible por el estado en que me encontraba, además no conozco esos lugares”.

La policía me llevó a un centro hospitalario, donde el médico legista que me atendió dijo que por el tipo de afeitada que tenía y las puntadas marcadas, se realiza de esa forma cuando se va hacer un procedimiento de extirpación de órganos.

“En el mismo centro hospitario comentaban que hace unos meses, en Santiago ocurrió un caso muy parecido, pero no tuvo la misma suerte que yo, pues apareció el cadáver sin sus órganos. Gracias a Dios, llegué a mi casa el lunes 26, a la 1:00 de la tarde con mis fami-liares”, narró el afortunado joven.