Editorial
El orgullo de ser periodista
Muchas personas piensan y hablan a través de nosotros.
Sin embargo nos condenan aunque nos necesiten.
Si somos independientes, pocos nos agradecen y muchos nos reprochan.
Pero si somos cortesanos o aduladores nadie nos teme ni nos rechaza.
Nos codeamos con las instancias del poder político y económico, pero vivimos en condiciones de pobreza.
A muchísima gente sólo les agradan las noticias que no quiten el sueño ni alteren la digestión.
Pero debemos escribir y hablar en nombre de los mudos, por aquellos que no tienen libertad o por quienes sufren en carne viva la realidad de esa noticia que conmueve.
Sabemos que muchos prefieren nuestro silencio.
Sin embargo, ¿no es más doloroso sufrirla que conocerla?.
Pero a esto le llaman sensacionalismo.
Estas son de las contradicciones y paradojas en que se desenvuelve la vida del periodista.
No obstante como somos eco de resonancia de la sociedad en que vivimos, nuestra labor profesional nos coloca en el centro de la atención pública.
Y estamos concientes de que esa misma sociedad nos toma muy en cuenta lo que decimos, cómo lo decimos y lo que dejamos de decir.
Como Notarios y Cronistas de la sociedad el periodista elabora la memoria histórica del conglomerado al que pertenecemos.
En estos días que representantes de algunos sectores sociales nos felicitan en ocasión de la Semana del Periodista, agradecemos su atención y la gentileza de valorar el trabajo que realizan los periodistas.
Ahora más que nunca debemos proclamar el ORGULLO de ser PERIODISTA en el soporte de la convicción de que pese a las paradojas y contradicciones en que nos coloca la vida, nuestra profesión constituye un tesoro patrimonial de la humanidad.
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