Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 463,
Edición 1 de abril del 2007, Rep. Dom.

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Editorial

Delincuencia, Estado y sociedad

Cómo enfrentar la delincuencia que ahora se ha desbordado?.

Las autoridades ensayarán muchas fórmulas con intención de contenerla, incluso matando delincuentes.

Sin embargo, contener la creciente ola delictiva es tarea en la que tendrán que participar todos los ciudadanos.

Son las organizaciones comunitarias las que deberán formar brigadas de vigilantes, murallas humanas que cierren el paso a tantos salteadores.

Nunca antes el país había vivido situación similar de violencia delictiva.

Como fenómeno social que es, los tantos actos delictivos que padece la nación, es resultado de la deuda social que ha acumulado el Estado Dominicano con la población.

Esa deuda ha tocado fondo y ha brotado fuerte, incontenible expresada en la presente espiral de violencia delictiva.

Es el Estado la entidad que está llamada a afrontar, disminuir y erradicar la violencia.

La injusticia social, la desigual distribución de las riquezas que posee y administra el Estado, son responsables de la delincuencia que se extiende rápidamente por todas las capas de la sociedad.

Esa delincuencia parece vengarse el abandono en que ha mantenido el Estado Dominicano a los grupos y sectores sociales de los que provienen los delincuentes.

Hoy día es mayor la inseguridad del ciudadano común.

Todos estamos alarmados por la cantidad enorme de delitos que día a día se cometen en las calles ejerciendo violencia desalmada.

Tumbar cadenas, arrebatar celulares y carteras, quitar a la fuerza motocicletas y vehículos, atracar y robar hogares con escalamiento son hechos muy cotidianos.

Pero si bien es cierto que ese tipo de delincuencia es preocupante por el despojo de propiedades y el daño físico a las víctimas, también es cierto que resulta decepcionante ver cómo el Estado permite y tolera la llamada delincuencia de e cuello blanco. Esta siempre se premia con la impunidad

Es en realidad la delincuencia de cuello blanco la que genera la delincuencia común, ya que mediante los robos y toda suerte de actos de corrupción se apropia de los bienes y riquezas del Estado.

No hay pues otra forma de contener, disminuir y hasta erradicar la delincuencia que poner la necesaria voluntad política para evitar y castigar la corrupción y los robos contra los bienes del Estado y garantizar que lleguen con sentido de justicia a todos los ciudadanos.