Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 463,
Edición 1 de abril del 2007, Rep. Dom.

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CARTAS A EL JAYA

Querido Adriano:

Quiero confesarle mi culpabilidad, fue cómplice de una gran injusticia!.

Sabe usted cuánto le quiero y por eso al no poder dormir, corrí apresurada hacia el computador para confesarle que fui cómplice de una gran injusticia, me imagino que usted se asustará y se sorprenderá, pero no le pido comprensión, solo su ayuda para reparar el daño causado de manera inconsciente, por dejadez, por omisión, por egoísmo.

Le cuento: Como gaje del oficio la mañana del jueves 18 de abril entré al despacho del señor Síndico Municipal ingeniero Félix Rodríguez, a participar de una importante reunión que él y la señora Gobernadora Luz Selene Plata sostenían con los organizadores del paro que mantuvo los días 16 y 17 la parte norte de esta ciudad paralizada.

Llegué justo en el momento en que uno de ellos le pedía excusas a las autoridades por las palabras hirientes que durante el fragor de la lucha por las reivindicaciones sociales profirieron en los medios de comunicación en contra de los funcionales municipales y provinciales, alcancé escuchar a la gobernadora reclamarle y aclararle que “a mi nadie me tumba el pulso y como dijeron que me lo tumbaron entonces yo no tengo mano para firmar”, ahí se encendieron las cenizas de los días anteriores y fue Félix Rodríguez, quien se encargó de echarle agua y continuar el diálogo.

“Yo quiero que me incluyan La Cuesta de Los Jibaritos, dijo uno de ellos, a no replicó el otro yo necesito que se electrifique el barrio Libertad, ah! pero no pueden dejar las calles de Los Platanitos, eh! eh! dijo el padre Moncho, recuéndense de Villa Palma, y así cada uno de ellos pidió lo que entendía necesitaba su sector.

La Gobernadora, pacientemente fue anotando cada una de las peticiones y entre ella y el señor síndico se dividieron las responsabilidades, yo hago esto y yo hago aquello, dijeron cada uno de ellos, se procedió a elaborar el documento en donde se plasmarían los acuerdos y en donde cada dirigente barrial y la comisión mediadora, así como los funcionarios presentes firmarían.

He ahí mi culpa, tratando de ayudar me ofrecí, para junto al abogado servir de secretaria y tomé la computadora para vaciar el documento manuscrito. Luego de varias revisiones todos firmaron conformes y se fueron a sus casas con una amplia sonrisa de triunfo y satisfacción, los organizadores del paro satisfechos de haber logrado la meta, las autoridades por el deber cumplido y demostrar su capacidad de dialogar y escuchar.

Han pasado los días y siento una gran culpa, ¿sabe usted por qué?, porque aun estando presente y pudiendo intervenir no lo hice, no lo hice para reclamar e incluir que en uno de los párrafos se incluyera que la muerte de ese pobre hombre a quien le arrancaron el corazón de un bombazo no quede impune.

Ninguno de los allí presentes reclamó que se escribiera y se le diera seguimiento para descubrir los asesinos de quien iba a cumplir con su deber de padre de familia trabajador, a ninguno de nosotros se nos ocurrió pedir protección para esa familia, que probablemente quedó en la inopia, que no recibirá jamás ese mísero sueldo con el que el señor Antonio…..mantenía a sus hijos y esposa.

Querido Adriano: que fácil es ser feliz cuando tenemos lo que queremos o pedimos resuelto y que difícil es pensar en los demás, en los que sufren, en los que han perdido todo, incluso la esperanza de seguir viviendo, porque no le pueden reclamar nada más a la vida que no sea irse de ella para no ver las tantas injusticias que cometemos los humanos.

Ayúdeme a reivindicar ese error y desde las páginas del Jaya pedir a las autoridades que no se olviden de esa familia, que aunque con la ayuda material jamás mitigarán el dolor de sus hijos y esposa, ni menos aun remediaran la muerte de Antonio, por lo menos suplirán algunas necesidades de las que este hombre de pueblo se preocupaba por cubrir.

¡ADRIANO!, ¿entiende ahora por qué no podía dormir?, ¡también soy culpable!. Su Hija,
Odilis Hidalgo, Periodista