Residencial Argenis

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 465,
Edición 2da. de mayo del 2007, Rep. Dom.

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Entre traidores y conspiradores

Por Dr. Luis Báez del Rosario
(CDP)

El destino de la República, cruda y dolorosamente admitirlo, transita actualmente por incendiarias circunstancias que amenazan con su disolución absoluta, y no es fábula “patriotera” o “nacionalista” como llaman sus enemigos cuando voces dominicanistas se levantan en su defensa y advierten sobre el peligro, cuales las manifestaciones.

Estados Unidos, Francia, colateralmente Canadá, subdividida esta última en Canadá francés e inglés, forman una coalición patrocinante de la desintegración de la República Dominicana, extirpación en el Caribe del Estado Dominicano, para resolver el problema étnico y económico que representa un Haití inviable para esas naciones poderosas, y la solución es República Dominicana sin importar su costo.

Que ese sea el propósito siniestro y perverso de esas grandes naciones del mundo, y que para lograrlo recurran a los recursos más desvastadores y sucios, no se justifica, pero conocemos cuál ha sido tradicionalmente su malvada naturaleza a través de su política exterior, de su trato ingerencista con otros países, sobre todo con aquellos que no están en capacidad de resistir su poder unipolar, donde no hay posibilidad alguna de contrapeso, imponiendo por tanto sus absorventes y sombríos designios a la impotencia e indefensión de los pueblos.

Lo indignante de todo un tinglado conspirativo contra la salud de la República, contra la patria misma, es que quienes comparten esa trama criminal, se hacen parte de ella con sus discursos y actos, sean unos pocos dominicanos y pocas dominicanas, minoría por su intascendente promedio, pero altamente dañina y peligrosa por los viles y mezquinos fines que les impulsa a conspirar contra su propio país, contra los hijos e hijas de él, que son sus hermanos y hermanas, exhibiendo la falsa e hipócrita pose de “solidaridad” con nuestros vecinos haitianos.

Algunos de ellos, algunas también, son especies desfasadas de un segmento político de la izquierda, los que en el ayer reciente jugaron con su silencio o actitudes extrañas a las cartas de subordinación con la ultraderecha y el poder extranjero, colaboraron, cuando no de manera directa, indirecta, a las persecuciones, ejecuciones y desapariciones de sus compañeros de partido; que como clones de fariseos ideológicos ocultan su degradado rostro, aquellos para los que principios y causas es una ficción disimulada, que no aceptan la dialéctica como Ley que define y rige eclécticamente el devenir de los pueblos, con una retórica fuera de contexto y accionar público objetable, pués entre esas especies y las de la derecha hay un parecido tal que no difiere mucho de su naturaleza política, mienten, engañana, desinforman, confunden, manipulan y retuercen cínicamente la realidad dominicana en relación con nuestros vecinos.

Aprendan amigos lectores a conocerlos y conocerlas más íntimamente, es posible conocerlos y conocerlas, identificar su enferma y maligna conciencia en sus artículos, discursos y pronunciamientos que afloran con odio y desprecio contra la nación y el ser nacional, contra la soberanía y esencias dominicanistas, en los medios escritos, radiales o televisivos que sirven de plataformasn de ataques o azoteas de francotiradores que tienen como armas de la traición la calumnia, infamia, intriga e insultos como atentado a la República, no importa que ésta desaparezca, lo que importa son sus intereses y los de sus patrocinadores, el instrumento es la desbordante inmigración haitiana ilegal.

Comunicadores flata de ética, mucho menos patriotismo, sentimiento de dominicanidad, algunos y algunas residentes en el país, otros y otras en el exterior, financiados (as) en dólares y euros como incentivo a su antidominicanismo, contaminan los medios con sus heces verbales, empleando términos injustos y absurdos como los de “xenófobos”, “patrioteros”, “racistas” y “nacionalistas”, este último en forma peyorativa contra quienes somos dominicanistas y defendemos, como es el deber, la patria de sus enemigos, de los que dominaron el país por 22 años, de los que irresponsablemente propician una integración impuesta y condicionada mediante la asimilación de millones de indocumentados haitianos en territorio dominicano.

Fácil identificar los nombres de los conspiradores, unos enganchados a “izquierdistas”, “principales” de las onerosas “oportunidades”, agentes del imperio y cómplices de sectores dominantes que trafican y explotan la oleada laboral haitiana ilegal en sustitución de la fuerza laboral dominicana; individuos frustrados, resentidos, alimentando su odio y desprecio hacia la sociedad, hacia la patria y todo sentimiento sano, por los complejos que disminuyen su autoestima, otros por su degradación cívica y moral, ambición sin límites, vulnerables a la compra de conciencias, en cuya fila podrían clasificar algunos comunicadores y comunicadoras, de ellas se sabe quiénes, son mujeres de vida disoluta, disipada, para no usar el término que mejor define sus debilidades o extravíos, que deshonran el ejercicio ético y profesional de la comunicación dominicana y al país.

Los dominicanos que nos respetamos a sí mismos, que amamos a esta tierra de valientes, que agradecemos eternamente el sacrificio de Duarte, Sánchez, Mella, Trinitarios o Febreristas, a los que dieron continuidad a su obra emancipada por la República en otras gloriosas jornadas patrióticas, estamos siendo acosados y expuestos al peligro de perder la nación por una minoría de traidores y conspiradores, y a su ofensiva vejatoria y disolvente tenemos que responder con una contraofensiva vigorosa y sistemática, desenmascarándolos, asestándoles por la vía diplomática, informática, comunicacional, todos loe mdios de defensa accesibles, certeros y contundentes golpes de efecto contra su saña desintegradora.