Residencial Argenis

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 466,
Edición 1ra. de junio del 2007, Rep. Dom.

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Montaje francés de una fábula perversa

Por Dr. Luis J. Báez del Rosario

Haití y Dominicana son dos Repúblicas en una Isla del Caribe, parte de las Antillas Mayores, excepcionalmente distintas a Cuba y Puerto Rico que no comparten sus territorios con ninguna otra nación, se enseñorean únicas en sus respectivas ubicaciones geográficas.

Haití y República Dominicana fueron, más mal que para bien, colonias de la Francia Napoleónica, esclavistas y racistas; presentan culturas e historias diferentes una de otra, irreconciliables por condiciones y razones de peso; Haití es heredera de dos corrientes culturales, francesa y africana, predominando en el pueblo haitiano las raíces de su ancestro africano, salvo el idioma francés que cultiva y domina la élite, constituída por intelectuales y profesionales.

República Dominicana tiene otro rostro, otros elementos y características que definen y acentúan la cultura hispánica como patrimonio heredado por vía directa de España, como otras de las que fueron colonias de América, lengua, religión, costumbres y tradiciones, aunque coexisten algunos razgos aborígenes y africanos, que en síntesis hacen de nuestra cultura un componente híbrido, pero en el que prima sustancialmente lo hispánico.

Haití y República Dominicana fueron víctimas de la piratería que traficaba con esclavos o hacían botín con sus riquezas, de Francia y España que sometían al africano y aborígen a la más cruel y despiadada esclavitud, bajo el látigo del blanco esclavista para arrancar de sus espaldas laceradas, de su piel calcinada por el fuego ultravioleta del Sol, de su sudor y sangre, las riquezas de sus fundos o minas, muchos de ellos, miles, posiblemente, murieron por no resistir el duro trabajo, otros por enfermedad o inanición, muchos también como pasatiempo y placer criminal fueron cazados como animales monteces por las armas imperiales.

Las formas de esclavitud, sus métodos no tienen ejemplo en la historia de la humanidad, las masacres repetidas contra el pobre e indefenso esclavo africano en la otra parte de la isla, del inocente y dócil nativo de nuestra tierrra, tuvieron que llenar de horror, impotencia e indignación a las víctimas, aisladas del mundo por la lejanía e imposibilidad de que sus voces reprimidas denunciaran su tragedia.

En tratados internacionales España y Francia impusieron sus condiciones y reglas mordazas a las Repúblicas de Haití y Dominicana, sus poderes imperiales avasallantes no les dejó alternativas que aceptarlas, aún doblegaran sus dignidades y soberanías; de las dos una resultó más perjudicada que la otra, República Dominicana, por concesiones a Francia sobre su antigua colonia, denotando la Corona su falta de honorabilidad en el trato a la Hispaniola.

Hoy Haití, nuestros vecinos, República Dominicana, nuestra Patria, siguen siendo víctimas selectivas de las mismas potencias España, Francia y Estados Unidos, padres de la xenofobia, del racismo mundial, trato segregante por orígenes africano e hispano, repugnan el color de la piel, la negritud, principalmente en el caso de los haitianos, su pobreza, inferior grado de educación y cultura, con los dominicanos, quizás en menor grado o nivel su trato xenofóbico y excluyente, pero en fín, una realidad que tiene visos afirmativos.