Residencial Sofia El Tejar

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 469,
Edición 2da. de julio del 2007, Rep. Dom.

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El otro San Francisco de Macorís

• Manuel Mora Serrano

Hay un San Francisco de Macorís en el corazón del Cibao, que preside, por ser la ciudad más populosa de la zona, la región del Nordeste; es, en consecuencia, una capital regional, y lo merece. Está ahí, a la vera de su río Jaya que se agota bajo los pocos árboles copudos que la ignorancia ha dejado para amparar su discurrir y al pie de esa Quita Espuela que Alfonso Moreno Martínez y otros francomacorisanos soñadores y realistas se empeñan en salvar como faro ecológico del lugar. Ese, vivirá mientras haya isla y nadie lo puede conmover ni hacerle cambiar su manera de ser.

Pero hay otro San Francisco de Macorís disperso por el mundo, que lleva o no lleva su Serie 56, pero que tiene sus raíces humedecidas del rocío de las sabanas, que vive y pervive por todas partes y deja su huella indeleble en la sociedad.

Quizás no haya un pueblo con una diáspora mayor. Están los que se han ido porque parece ser que de cada familia secular sólo queda una cepa o dos como ejemplo (salvo algunas, muy pocas excepciones, sin importar clase social). Podría detenerse uno junto al parque central o Duarte a preguntar a cada joven o viejo transeúnte si nació o no en aquella ciudad o si sus padres nacieron allí y el promedio puede ser positivo en un treinta por ciento. Eso quiere decir que es ahora un centro cosmopolita y que sus nativos han emigrado en casi un setenta por ciento.

¿Quién se ausenta realmente de su lar natal? Vivir lejos no es olvidar ni sinónimo de no querer. Es altamente significativo que el otro San Francisco de Macorís del que tanto se habla, el de lo de los varones de las gangas, sí regresa; sí vuelve a su lar nativo a dar carpeta y a presumir, pero vuelve también a invertir. Para ellos, su pueblo sigue teniendo un imán tan poderoso que los atrae ricos como los alejó de pobres. No quiero exaltar a esta varonía del delito o del crimen, señalo un hecho asombroso y real.

Recientemente asistí a un acto de un grupo de francomacorisanos para preparar la celebración de un aniversario de la fundación de la ciudad. Hace años que los nativos del nordeste estamos fraccionados en estancos pueblerinos. San Francisco ha desperdiciado la oportunidad de aglutinarnos olvidando su papel antiguo y asumiendo el actual de Capital Regional que le dan su obispado, sus universidades, las oficinas gubernamentales y otras instituciones. Invitar a uno porque haya vivido allá y sea amigo de muchos, no es lo mejor ni deseable. Invitarnos por ser nordestanos debe ser la norma futura para el siglo venidero.

Por otro lado, dije allí, que la no exaltación de las figuras en las artes y las ciencias, al mismo tiempo que en los deportes (que sí se ha empezado a realizar) producía una emulación diferente, la de la ostentación del dinero por el dinero.

Nombraré algunos escritores como Cayo Claudio Espinal, Melba Marrero de Munné, Euridice Canaán e Hilma Contreras, de quien dije que era la más grande cuentista del país; omití muchos, como Alfredo Fernández Simó, Ismaelito Abréu, Héctor Amarante y unos largos etc... nombré a Manuel Simó, el más alto ejemplo de compositor y músico sinfónico que hasta ahora ha producido la ciudad, según mi criterio; a Billo Frómeta, a Simó Damirón y omití otros muy brillantes de hoy y de ayer, porque eran ejemplos no exhaustivos. Dije que esas gentes no tenían calles, ni siquiera una placita. Que no había en el pueblo un fervor por estos símbolos del otro San Francisco y abogué porque las nuevas generaciones fueran informadas, y muchos talentos en otras áreas como la medicina, la abogacía, la arquitectura, el periodismo, la pintura, la historia, el ensayo, etc... fuesen destacadas y se vería un cambio ético en la ciudad.

En verdad, hay otro San Francisco de Macorís disperso por el mundo, que quisiera regresar pero que no encuentra un núcleo adonde lo reciban y conozcan; que anda errante con un Jaya de seda en el espíritu y un Quita Espuela de oro en la memoria y hay otro allá, junto a los varones antes dichos, que vive y prospera, que lucha y trabaja con dignidad; allá, y en todas partes, que merece nuestro cariño y nuestra exaltación. Que así sea.