Residencial Sofia El Tejar

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 473,
Edición 2da. de Sept. del 2007, R.D.

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Actividad Física en Envejecientes personas de la tercera edad):

• Jose Joaquín Nuñez Valerio Conceptos y Preconceptos:

Dada la reciente adquisición de conocimientos en las dos áreas envolvidas (ciencias de la actividad física y gerontología), hay aún una gran dificultad en el establecimiento de parámetros bien fundamentados en esta interacción de áreas del conocimiento científico.

Preferimos conceptuar la actividad física para personas envejecientes como “el fenómeno biológico que envuelve la contracción muscular”. Enfatizamos este aspecto para descaracterizar una frecuente identidad entre ejercicio y movimiento. En cualquier edad, pero principalmente entre los envejecientes, los movimientos pueden ser limitados (por parálisis y por dolor), lo que no contraindica la realización de contracciones isométricas que, aparte de prevenir la atrofia muscular de la inmovilidad, también puede ser una estrategia terapéutica de la propia etiología de la lesión.

Muchas constataciones ya están, en este momento debidamente fundamentadas, como la importancia de la actividad física como factor de protección (o del sedentarismo como factor de riesgo) de las principales enfermedades crónico-degenerativas que frecuentemente afectan a los envejecientes.

Otras, no obstante, encuentran aún algunas resistencias para ser consensúales, probablemente porque aparecen de evidencias mas recientes y contrarían dogmas que persisten por mucho tiempo en la practica médica.

Un buen ejemplo de esta condición es el clásicamente preconizado reposo absoluto en el tratamiento de la insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) descompensada. Existen hoy evidencias de la contribución de un programa de actividad física cuidadosamente elaborado en la recuperación del equilibrio hemodinámico. En estos estudios lo que resultó aún mas sorprendente fué la constatación de la posibilidad de mejora global de la condición funcional, incluyendo la captación periférica de oxigeno, sin que haya obligatoriamente alteración del desempeño cardíaco. Esto confirma que los beneficios de la actividad física son sistémicos e incluyen varios mecanismos de acción.

Pero la evolución del conocimiento no paró por ahí. A partir de las evidencias de que actividades físicas pueden (y muchas veces deben) ser hechas por el envejeciente, emergieron las preguntas inherentes a esta indicación, relacionadas al tipo de ejercicio, bien como las diversas particularidades del programa a ser propuesto.

Los ejercicios mas estudiados fueron durante mucho tiempo, predominantemente los aeróbicos, lo que resultó en un largo periodo en que predominó la idea de que apenas estos pudieran ser benéficos al envejeciente, principalmente cuando fuera portador de amplia comorbilidad. Varios trabajos recientes, sin embargo han documentado importantes beneficios del entrenamiento con pesas para la rehabilitación y prevención de incapacidad física en personas envejecientes.