Residencial Sofia El Tejar

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 474,
Edición 1ra. de Oct. del 2007, R.D.

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El pecado de la avaricia

Por el pastor: Marino Estrella.

La avaricia:

Es el apego desordenado a las riquezas. Pero también, se puede definir como la ambición de conseguir mucho más de lo que ya se tiene.

Dios es muy específico en señalar a la luz de su palabra (Efesios 5:5) que:
Los avaros no tendrán herencia en su reino.

La avaricia es un sentimiento diabólico que surte efectos y consecuencias malditas en la vida de los seres humanos.

El avaro no tiene misericordia de nadie, y como dice el (Salmo 39:6):
En vano se afana, amontona riquezas y no sabe quién las recogerá.

La avaricia y la codicia son gemelas, todos aquellos que se ejercitan en ellas, mas tarde o mas temprano, quitan la vista de Dios, ya que se hacen orgullosos y autosuficientes.

Por tal razón, Cristo declaró según (Mateo 6:24):
Que un siervo no pude servir a dos señores, refiriéndose al amor al dinero dijo: Que no se puede servir a Dios y a las riquezas.

Generalmente la familia de una persona avaro sufre mucho. A éste tipo de gente no le importa los sufrimientos de los demás, como ya dije, no tienen compasión de nadie, y su deseo de amontonar riquezas se hace cada vez mas insaciable.

En (Lucas 12:15) aparece el consejo de Jesús diciendo:
Mirad y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

Cristo se propone hacernos entender que, la vida del hombre no la sustenta el poder del dinero, ni la abundancia de posesiones materiales, sino el poder de Dios, cuando su Espíritu Santo gobierna en nuestro corazón.

Dice la Biblia:
• ¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo y se pierde su vida?
• ¿Cuál debe ser la actitud sana y correcta de toda persona?

Estar agradecido de Dios cualquiera que sea su situación. Puesto que todo cuanto tenemos es ganancia.

Oíd con atención el consejo que nos da la Biblia en (Hebreos13:5)
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque Dios dijo: No te dejaré, ni te desampararé.

Estimado lector(a), no deje que ese sentimiento de la avaricia invada su corazón, puesto que es contrario a los deseos del corazón de Dios.

La avaricia no solo puede incidir en los ricos, sino que también puede afectar a los pobres.

¡Dios les bendiga!

Si desea ayuda espiritual o consejería familiar, comuníquese al (809) 244 –0836, con gusto le ayudaremos.