Residencial Sofia El Tejar

Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 474,
Edición 1ra. de Oct. del 2007, R.D.

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Depresión: enfermedad fatal

• Luis J. Báez del Rosario

Así como las enfermedades catastróficas, diabetes, cáncer y otras, hay una de efectos letales, devastadores, que disputa el terrible y triste desenlace a las aludidas: la Depresión.

Podemos ser presas involuntarias y cautivas de la depresión, diferentes las causas, unos en mayor grado e incidencia que otros, aún parezca remota la posibilidad, en los adolescentes también puede suceder, ellos generalmente no son excluyentes.

Ha habido casos de jóvenes que han truncado sus vidas por una determinación drástica y equivocada, causas sentimentales o emocionales, decepciones y frustraciones reprimidas, inadvertidas en el entorno familiar, o que desaprensivamente la familia por falta de comunicación o ignorancia no prestó atención a algunas señales o manifestaciones del fenómeno, no dio seguimiento y manejo profesional para prevenir las consecuencias.

Hay quienes dicen ser felices, respeto la afirmación, más no la comparto; considero la felicidad como algo relativo y momentáneo, pasajero, pero a los que se empecinan e sostenerla los felicito; otros, porque somos humanos y sensibles, experimentamos trances y momentos difíciles en la vida, reto a quienes demuestren lo contrario, nadie puede escapar a la realidad.

Los seres humanos somos sujetos atados a las circunstancias, no estamos hechos de un material resistente o blindado a las pruebas; de esas circunstancias emergen situaciones y problemas complejos que nos hostilizan, abruman y enferman, que a veces laceran el alma, sobre todo cuando son emocionales, otros pueden ser económicos o de cualquier otra naturaleza, que onnubilan y doblegan a la impotencia, hacen perder la razón de luchar para solucionarlos, bloquean la mente y vo-luntad, encontrando la depresión una vía fácil para atacar, y si no reaccionamos a tiempo, armados de coraje y firmeza, luchamos por superarla, seremos víctimas de sus fatales estragos síquicos, físicos, emocionales y espirituales.

La depresión, he pasado por esa experiencia, sentido sus efectos, que de cobrar fuerza y proporciones, pueden ser peligrosos, nos convierte en entes aislados, tanto en el habitat familiar como en círculos sociales, nos transforma en especies solitarias, perdemos la autoestima, nos disminuimos a sí mismos sin ninguna justificación, acaso sin reconocer que somos importantes para Dios y la sociedad, que hemos venido al mundo a vivir, a compartir con los demás y a luchar, que la vida es una arena y somos guerreros dispuestos a jugarnos la victoria en metas específicas y posibles, que ante el desafío de la depresión, cuando esta quiere apoderarse de nuestros pensamientos y desestabilizarnos biológicamente, debemos preparar las defensas para resistir sus acogotantes embates, siendo optimistas y positivos.

Esta enfermedad, una de las más catastróficas del siglo, tiene el poder fulminante de una bomba de tiempo que puede conducir al suicidio, causar enfermedades, agravar las preexistentes, letal, inminente y progresivamente llevar a la muerte como asesina oculta y silenciosa.

Cuando usted, amigo lector, que como humano que es no está exento de ser atrapado, por las causas que sean, en un estado depresivo, entre en comunicación directa con Dios a través de la oración, refúgiese con fé en él y pídale fuerza, sabiduría y valor para vencer la depresión y daños que la misma ocasiona y pueden ser irreparables, e incluso la vida, como hemos señalado.

Consulte a tiempo su problema con profesionales especializados de la conducta humana, sicólogos y siquiatras; no permita que la situación desborde los niveles de control, los resultados pueden ser de un alto riesgo, por tanto impronosticables y fatales.

Desahóguese, no silencie y acumule su problema en la mente; el cerebro y el corazón son frágiles como el cristal, que puede a la presión o caída romper, confíelos a alguien de su confianza, un familiar, amigo, que esté investido de buena fe y sinceridad para la orientación oportuna y correcta a sus problemas, despejar el camino a la depresión y desesperación, no lo haga con el que pueda traicionar su confianza y sentir placer por lo que a usted le suceda; hay personas de esa baja estatura humana.

Escape voluntaria y resueltamente a la depresión, dígale adiós, invierta esos momentos que lo atormentan e impiden conciliar la paz y el sueño, en visitar a amigos, participar en actividades sanas y recreativas que le sirvan de terapia para disipar y desterrar esos lúgubres y críticos períodos de su vida.

Esas son normas y opciones para ganar una heroica e inteligente batalla a una enemiga fatal: la depresión.
El autor es locutor,
periodista y abogado.