Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, No. 477,
Edición 2da. de Nov. del 2007, R.D.

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APUNTES DE UNA EPOCA SANGRIENTA
Chito fue jefe operaciones militares de Los Trinitarios

• Pedro Fernández

Juan Ant. Hernández Hernández

Durante la fatídica era de los 12 años de la denominada “Dictadura Ilustrada” que encabezó el Dr. Joaquín Balaguer del 1966 al 1978, los francomacorisanos se destacaron en la lucha contra la opresión, ocupando lugares preponderantes dentro de las filas revolucionarias de la época.

La firmeza de convicciones y bravura de los jóvenes oriundos de esta ciudad, les hizo ganar puestos dirigenciales de importancia dentro de las organizaciones de mayor incidencia en ese entonces como Movimiento Popular Dominicano, Línea Roja del 14 de Junio, Movimiento Liberador 12 de Enero, Comandos de la Resistencia y el Movimiento de Liberación Nacional Los Trinitarios, estos últimos producto de la fusión de tres grupos de izquierda.

Los nombres de Milton Diloné, William Mieses, Jesús de la Rosa, Víctor Domínguez y otros, estaban inscritos con sangre en la lista elaborada por los organismos represivos del Estado, lo que no amilanó a esos hombres que continuaron la lucha por liberar el país del gobierno que amenazaba con exterminar todo aquel que no comulgara con él.

Dentro del grupo de hombres que surgió al fragor de la lucha estaba un joven silencioso, de poco hablar y mucho accionar, que dentro del MPD se destacó a tal punto que fue reclutado por Los Trinitarios donde, debido a sus méritos, alcanzó la posición de Jefe de Operaciones Militares.

Juan Antonio Hernández Hernández (Chito) o (Jorge) como era conocido en la organización, dio muestras de valentía en todas las acciones emprendidas por Los Trinitarios, mostrando una audacia fuera de serie que mezclaba con una solidaridad a toda prueba con sus compañeros y manejo pulcro de los recursos económicos.

A raíz de una serie de hechos que se desencadenaron en esta ciudad, Chito fue obligado a la clandestinidad extrema desde donde siguió dirigiendo las operaciones del grupo, demostrando su valor en un enfrentamiento en las cercanías del puente Duarte en la ciudad capital donde se encontraba reunido con Juan Bautista Castillo Pujols, Tita y otro compañero de grupo y fueron rodeados por un contingente policial iniciándose entonces una balacera que culminó con las heridas a dos agentes policiales y la detención de Tita, logrando Chito  escapar hábilmente.

Otras acciones destacadas se realizaron en El Cibao  como la del asalto al hospital Cabral y Báez de Santiago, donde combatió junto a sus compañeros las tropas policiales enviadas al lugar donde murió el canjeador de cheques Ramón Rosa Rosa, un agente policial de apellido Martínez y herido el trinitario Ramón Ricardo Maldonado (Carlitos), oriundo de Moca, quien fue torturado en el recinto policial antes de darle atenciones médicas.

A raíz del triunfo del Partido Revolucionario Dominicano el 16 de mayo del 1978 y luego que el presidente Antonio Guzmán Fernández asumiera la primera magistratura de la nación y decretara una amnistía a los presos políticos, Chito retorna a esta ciudad donde comienza a laborar en el Departamento de Espectáculos Públicos del Ayuntamiento bajo la dirección de Quico Peguero.

Los organismos de seguridad continuaron su hostigamiento contra Hernández y Hernández al que apresaron ocupándole una pistola calibre 45 propiedad del segundo teniente Onésimo Valera Mejía, muerto en una emboscada tendida por un comando de Los Trinitarios.

Las gestiones del entonces senador por la provincia Duarte, Dr. José Amado Camilo Fernández lograron la libertad de Chito, aunque el cerco en su entorno comenzó a cerrarse.

A pesar de los golpes recibidos por el grupo, Los Trinitarios continuaron su lucha y el 22 de junio del 1983, cae en La Loma de la Gallina uno de los más valerosos y valiosos hombres del grupo.

Ese día un comando había penetrado a la residencia de un hacendado de Monte Plata, pero una joven logró escapar dando la voz de alarma en el destacamento de Las Guanumas desde donde partieron agentes policiales reforzados más tarde por otras tropas enviadas desde la ciudad capital.

Hernández y Hernández se encontraba dentro del vehículo que sería el relevo para sus compañeros tras la salida de la residencia del hacendado, como estaba planeado, cuando observó la llegada de los agentes que pasaron por el lugar sin reconocerlo.

En el lugar de la acción se entabló una lucha donde murieron dos agentes policiales un joven llamado Wagner, estudiante de psicología de la Universidad Central del Este y otro oriundo de Santiago de nombre Julio.

Del enfrentamiento escaparon con vida Martín Nova de Santiago y Ramón Ricardo.

En su escapada, Chito es interceptado en el destacamento Las Guanumas pero logra abrirse paso a tiros matando un agente policial e hiriendo a otro, pero al llegar a la entrada al sector Arroyo Hondo de la ciudad capital es interceptado iniciándose entonces una batalla que tuvo su final cuando el Trinitario se disparó un balazo en la cabeza cuando se le terminaron los proyectiles, cumpliendo una promesa que había hecho a sus compañeros.

“Si me enfrento al enemigo y no dispongo de tiros, siempre ando con un proyectil en mi bolsillos para no permitirles que me torturen”, decía constantemente Chito.

La muerte de Juan Antonio Hernández, quien constantemente rechazaba los planteamientos de hacerle una casa a su familia con los recursos producto de acciones militares, dando una muestra de honestidad a toda prueba, dejó a sus compañeros entristecidos y al grupo al que pertenecía con un vacío que nadie jamás pudo llenar.