Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
Viernes 09, de enero del 2009

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Amigos

• Luis J. Báez del Rosario

El hombre, según Aristóteles, es un animal social, sin embargo y a diferencia del animal es un ser racional, por tanto inteligente, por lo que optaría por designarle un ente social, aunque hay hombres que por sus instintos y reacciones, en algunos casos dan la impresión de ser especies afines a determinados ejemplares del mundo animal.

Es de la comunicación y relación del hombre con los de su género masculino, e incluyendo a la mujer por igualdad de derechos, por su permanente interacción social, que es posible establecer un vínculo de amistad entre personas de un mismo género o ambos géneros, y lograr de acuerdo al trato y rasgos coincidentes, niveles de empatía y química que hace las relaciones más estables y sólidas.

Más, para mí, quizás para ustedes también, no todo hombre, toda mujer, en la planicie de la Tierra, es definitivamente amigo o amiga; la amistad en mi percepción y opinión, partiendo de la experiencia y practicidad en la universidad de la vida, está condicionada a la suma de valores humanos, entre otros, y que son fundamentales: sinceridad, lealtad y solidaridad, pero para usted confiar su amistad a alguien, que no puede ser a cualquiera, aceptar a una persona como su amigo o amiga, es previo y necesario someterle a un proceso de prueba, profundizar con el trato y confirmar si realmente tiene el mérito de ocupar ese privilegiado espacio en su vida, y por extensión en la familia.

Otros y otras son amigos y amigas de apariencia, exhiben un falso y disimulado rostro como trampa para atraer su amistad, son los y las que podríamos definir como amigos y amigas de ocasión, la relación y trato es sólo coyuntural y oportunista, cuentan como amigos y amigas en momentos que le ríe la fortuna, el aura de la fama y gloria, cuando desempeña una importante función pública o privada, investido de autoridad y poder, instancias desde las que se pueda decidir, influir y hacer favores, entonces y hasta tanto pueda ser útil, tales amigos y amigas, a los y las que hemos categorizado como de ocasión, disputarán su cercanía y trato personal; cuando haya caído en desgracia, por las circunstancias que sean, huirán como fantasmas, abandonarán y deshauciarán socialmente, pues al desertar de su entorno demostraron que eran amigos o amigas de su cargo, función o posición, nunca fueron sus amigos o amigas, hipócritas, ingratos e inconsecuentes a los y las que aprendió a conocer en la soledad de la desgracia.

Traigo a modo de ejemplo una anécdota, en uno de los turbulentos períodos de Balaguer, desempeñaba la corresponsalía local del desaparecido diario El Sol de Santiago de Los Caballeros, después de cubrir incidentes entre jóvenes manifestantes y patrullas policiales, entré al hotel restaurant Macorís con el fín de pedir un vaso de agua con qué mitigar la sed por una tensa y extenuante jornada de trabajo, encontrando coincidencialmente a un amigo, el entonces Capitán Berroa Familia, del Ejército Nacional, quien compartía con un grupo de amigos, oficiales de la institución y algunos civiles.

Berroa Familia, actualmente Coronel retirado, me invitó a compartir unos tragos  de whisky, a reservas de que acompañarlo pudiera comprometerme en cualquier enojosa situación por los conflictos que se sucedían frecuentemente, y mi condición de periodisa, a lo que respondí aceptando su invitación y diciéndole que era amigo del amigo, y que en ese caso no era sólo amigo del Capitán Berroa Familia, que lo era también de Berroa Familia, lo que provocó que los amigos civiles se miraran entre sí, advirtiendo en el gesto que parecían sentirse aludidos con las palabras.

La anécdota tiene una lectura fácil de descifrar, el militar, lo mismo el político o una figura importante, tiene por autoridad o poder una gran ascendencia en la sociedad, influye en toma de decisiones y concesión de favores, pero el militar y político, principalmente está sujeto a los cambios que se producen cíclicamente en los gobiernos, y cuando cesa en sus funciones o pasa a retiro, pierde su acceso a decisiones, influencias y favores que su estadía temporal hace posible, o un empresario que quiebra, los amigos y las amigas, que son circunstanciales, sorpresivamente desaparecen.

Hay quienes por estas reales circunstancias de la vida, con el peso de la razón suelen expresar cuando no han tratado una persona a profundidad, saben muy poco de su procedencia y antecedentes, que esa persona es conocida o conocido, no amiga o amigo.

Podemos admitir y concluir, al categorizar y delimitar los parámetros de la amistad, en que esta como todas las cosas es relativa, absoluta cuando es sincera, etérea y sólida; cuidémonos siempre de aquellos y aquellas que están al acecho de oportunidades para sorprendernos y traicionarnos, siendo la traición una de las más perversas mezquindades humanas, los traidores desperdicios sociales que se confunden con la mugre, el basilisco, que sólo merecen el desprecio y exclusión de la sociedad.

El autor es Abogado,
periodista y locutor profesional.