Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
S‡bado 30, de agosto del 2008

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DESAFIOS Y  RETOS  DEL LIDERAZGO EMERGENTE

Por  Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes

Si cierto e insoslayable es  que nos ha tocado nacer, convivir  y desarrollarnos  en una sociedad  que desde hace mucho tiempo ha sido afectada por preocupantes niveles de descalabros en el orden  moral e institucional,  no  podemos desmayar en los esfuerzos e iniciativas que  debemos  implementar en pro de  la construcción de una mejor nación y sociedad,  lo que  nos obliga  a todos los sectores sin excepción,  a reencontrar el país con los principios que sustentaron  los trinitarios, para poder  enfrentar y erradicar exitosamente  los males que nos estancan.

Este primordial objetivo que estamos obligados a alcanzar, llama al liderazgo emergente de la nación a  constituirse en la principal fuerza moral y el instrumento esencial en el que debe soportarse tanto nuestro presente como nuestro futuro,  debiendo en  dicho  rumbo, dotarse  del genio creador que les permita la formación de talentos que faciliten cumplir con propuestas destinadas a lograr el bienestar integral, la paz y  la justicia social que se merecen  todos los dominicanos y las dominicanas.

En el referido sendero que nos conducirá con certeza a solidificarnos y reivindicarnos como nación libre e independiente, corresponde a  los nuevos líderes  proponerse obtener la preparación, los conceptos y las técnicas que nos quiten el nudo que nos ata  al  empirismo, la improvisación y la corrupción,  debiendo  procurar  tener por norte y norma sagrada en su vida, la  práctica de los valores morales y el amor por la patria en los que los trinitarios sustentaron la formación de nuestra República.

A tal efecto,  el liderazgo emergente de la nación debe asumir como estandarte y piedra angular  los principios trinitarios, para tener la convocatoria y el poder social que le permita  inculcar a la población un sentimiento de confianza y de esperanza que vaya de la mano con el progreso común y la plena conquista de las transformaciones que ameritan nuestras familias y nuestra sociedad en sentido general.

Dentro de los referidos propósitos el nuevo liderazgo nacional debe enrumbarse hacia  una autocrítica renovadora rompiendo con los sentimientos mezquinos y mediocres, a fin de no repetir los errores y males que mantienen nuestro pueblo en el atraso social que padecemos,  desarrollando comportamientos e iniciativas que contribuyan a alejarnos del egoísmo, la resistencia al cambio y el atraso mental.

Llenemos pues de gloria y honor  a nuestra nación como lo desearon nuestros trinitarios y como lo aspiramos la inmensa mayoría de los que formamos parte de nuestra República Dominicana,  trazándonos mejores horizontes, y teniendo como únicas coordenadas la dignidad e integridad moral indoblegable que nos pide DIOS y la Patria para alcanzar la verdadera liberación y felicidad que todos los dominicanos y dominicanas urgimos y necesitamos.

El autor es Director General del Consejo Regional de Desarrollo, Inc. (CRD), Abogado y Politólogo