EDITORIAL
El lenguaje de los políticos
Los idiomas tienen modos particulares de expresión que de acuerdo a los grupos hablantes se conocen como dialectos, argots y jergas.
Así como los beisbolistas, boxeadores y otros deportes poseen su argot, los políticos tienen el suyo y lo enriquecen apropiándose de términos de las demás actividades humanas.
Los políticos popularizan giros y expresiones que acompañados de gestos y ademanes o tonos de voz, son asumidos en forma rápida por el pueblo para su dramatización coloquial y hasta profesional.
Si para prueba basta un botón observemos los programas o secciones de humor de la televisión.
En las elecciones de períodos pasados los candidatos y protagonistas eran personas respetables por su edad y trayectoria, pero sus expresiones no siempre encuadraban con sus figuras.
Si en la actual competencia política algunos líderes se tiran cajas y cajones o sus equipos de campaña elaboran y difunden escenas y expresiones ofensivas entre sí, la verdad es que no dejan de ser divertidas para el auditorio las recibe.
La política y las demás actividades humanas son entidades dinámicas y cambiantes que se reciclan para asumir los emblemas, color y demás características que les son propias en cada etapa histórica.
Sin dudas, el lenguaje de los políticos es una construcción social que utilizan para despertar y establecer sintonía con el mercado electoral en que interactúan en procura de pescar votos. Por esto entendemos que es difícil, por no decir imposible, que los políticos cambien, moderen o adecenten el estilo con que desarrollan la presente campaña.
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