Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
Lunes 01, de diciembre del 2008

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En la Educación y la Familia está la prevención delincuencial

 • Fernando Balcácer

Antes de continuar debo dejar bien claro que mi interés es dejar establecido que este pueblo desde el inicio de su historia ha estado conformado por personas dispuestas a luchar por los más sanos y sagrados intereses de la mayoría. Por favor no me consideren el Romántico de ayer, mi forma de pensar y actuar se ajustan a la realidad de hoy, pero radicalmente consciente de la responsabilidad que como ente social me corresponde y creo que este es uno de los males que hoy ataca a nuestra sociedad: Cada quien se olvida de lo que le corresponde en su casa, en el trabajo o donde sea. Más bien tal parece que estamos buscano las soluciones individuales sin tomar en cuenta que tal forma de proceder nos está encaminando al fracaso colectivo de la sociedad. Mucho cuidado con aquellos que ven su logro individual cual si fuera el logro de su comunidad, pues deben saber que esos muchachos y muchachas del barrio ya no son los mismos que nacieron en el patio y muchos de ellos han llegado nuevos y pertenecen a familias pobres que han llegado a acrecentar cordones de miserias en los barrios; lo grave del caso radica en que la mayoría de ellos no estudian, no trabajan y hacen muy poca vida social limpia y todo el que no comparte con ellos lo ven como sus enemigos y por tanto sus actuaciones siempre van dirigidas para combatir a ese contrario que resulta ser el de sana conducta.

¿Qué es lo que realmente se plantea en esta circunstancia?, pues sencillamente actuar con sinceridad, decirles la verdad a esos jóvenes sin echarlo al abondono, enfrentar el mal, pero hacerlo con las herramientas con que contamos y olvidándonos un poco de que es el Estado el que tiene que traernos o regalarnos todo. Lo que acabo de referir se circunscribe sencillamente al diario vivir: El cuarderno, el lápiz, el borrador, la pizarra, la higiene, izar la bandera, cantar el himno, respetar a los mayores, respetar a papá y a mamá, respetar al vecino, respetar a quien día a día vive en paz con Dios y con los demás. Es decir lo que yo refiero no pertenece a un código nuevo, forma parte de la moral y cívica con que nos formaron y con la que debieran estar formando Obligatoriamente hoy a los hombres y mujeres de esta país que es el mismo de: William Mieses, Abrahansito Vargas, Pedro Reyes, Salvador Then y Güigüita. Es decir, este es el país y el pueblo de Ramón Polanco, doña Niní Polanco, Jaime Marizán, Vargas Lima y de cientos de hombres y mujeres que constituyen un gran y honorable ejemplo para nuestro pueblo y para el país.

Yo realmente no llego a entender cómo un pueblo de tanto valor y tanta moral se deja aplastar frente al mundo por un grupito de sarnas morales que son combatibles con un pequeño ungüento que contenga una porción mínima de los valores, de tanta dignidad que irradian los corazones de tantos domínico-macorisanos que han llenado de orgullo la tierra de Julio Plata, Verónica Oleaga, Magdaleno José Monegro, doña Flérida Hernández y Tata Polanco.

La verdad es que no llego a entender el hecho de que mi pueblo cuenta con más o menos 275,000 habitantes, de los cuales un por ciento mínimo está mezclado a la delincuencia y todo esto se nota preocupante en el sentido de que muchas veces algunos insolentes dondequiera aparecen dañando jovencitos y jovencitas y todo esto sucede frente a la cara y los ojos de ciudadanos, incluso niños y niñas que no tienen compromisos con las cosas malas porque resulta que en este pueblo como en el país, los buenos y sanos somos más. Entonces, ¿por qué permitimos que esto suceda?, pues sencillamente, esto lo permitimos porque tenemos miedo y naturalmente tenemos miedo porque no tenemos en quién confiar y no tenemos en quién confiar porque la contaminación llega tan lejos que amenaza con arroparnos. Salgan pues, los sabios y valientes de este pueblo y hagan propuestas concretas y adecuadas.

El autor es Procurador Fiscal
 en Las Guáranas.