Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
Domingo 12, de octubre del 2008

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Alcoholismo un mal social

•Dra. Enma Guzmán

Las bebidas con alcohol son de fácil acceso y permitidas por las diferentes culturas y clases sociales, considerándolas parte de la mayoría de las actividades humanas.

El alcohol produce desinhibición y una falsa seguridad facilitando la interrelación; con el agravante de que su  abuso genera alteraciones  físicas,  mentales  económicas, familiares y sociales.

Todos nos inquietamos cuando nos enteramos de casos como el de la edición pasada, “asesinato por un trago”.

Aunque no debe de sorprendernos pues la realidad es que esta enfermedad  es causante de más de la mitad de accidente s automovilísticos, asesinatos, suicidios y los casos más dramáticos de violencia intrafamiliar, disminuyendo la esperanza de vida de 10-12 años .

Se presenta con más frecuencia en hombres adultos; pero está aumentando en mujeres y jóvenes, quienes justifican su uso excesivo: lo hago para salir de la rutina, por estar en el grupo, no soporto estar triste, me siento presionado, tengo muchos problemas económicos, entre otros.  Siendo víctima con el tiempo de  los estragos irreversibles del alcoholismo.

Cuando la ingesta es masiva puede ocurrir la intoxicación aguda, presentando cambios en la personalidad, agresividad, temblores, taquicardia, dificultad para respirar, alteración de la conciencia, pudiendo llegar al coma y en caso de no recibir atención médica a tiempo, la muerte.

El beber consistentemente y de forma sostenida,  con el trancurso del  tiempo se presentará deterioro importante en la salud: al dejar de tomar, puede presentar inquietud, ansiedad, irritabilidad, insomnio, fatiga y malestar general (síndrome de abstinencia).  Además genera aumento de la tensión arterial, favorece al desarrollo del cáncer de pulmón, hígado y colon.  Con más frecuencia presentarán osteoporosis, artritis, infecciones, mal nutrición  impotencia sexual y daño cerebral permanente; con deterioro marcado de la salud mental, episodios depresivos recurrentes, pobre capacidad de recordar, trastornos delirantes y de ansiedad.

 El tratamiento de esta terrible enfermedad involucra a toda la familia, la cual es afectada, la persona enferma maltrata a la pareja, hijos, padres y hermanos, ocasionándole perturbaciones mentales, siendo más vulnerables los niños, quienes crecerán con baja autoestima, dificultad para sociabilizarse, con pobre rendimiento escolar y alteración del estado de ánimo.

Es indispensable que la persona reconozca su problemática y acepte ser tratado.  La finalidad es la rehabilitación y reincersión del paciente a la sociedad, considerándonos todos parte importante del universo.