Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
Martes 13, de mayo del 2008

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Cartas a EL JAYA
Comenta caso de crimen por un trago; critica la forma de presentar noticias

Señor director:
He leído conmovida la noticia principal de EL JAYA en el número 485, segunda edición de marzo del presente año, con el título Mata hombre por negarle un trago.

Aunque no comparto su criterio de titular y presentar ese tipo de noticia trágica con gran despliegue como es costumbre suya , considero horroroso el hecho de que un hombre le quite la vida a otro por un simple trago de ron.

Sinembargo como psicopedagoga que soy deseo expresar mi opinión acerca del suceso de referencia.

Yo me pregunto qué está pasando en la formación que tienen que dar los hogares a sus hijos, pues la principal educación de una persona debe recibirse en el hogar, en el seno de la familia. Corresponde a la familia nutrir a sus hijos de una Educación Doméstica de calidad; es lo mismo que decir Educar en Valores.

La familia que Educa en Valores enseña a amar a Dios, no temer a Dios porque es Él que nos da la vida, y sólo Él cuando nos necesita nos llama a pasar a otra forma de vida; pero ningún hombre puede ni debe quitarle la vida a otra persona.

La familia que educa a sus hijos en Valores los enseña a ser honrados, a respetar a las personas mayores, aconsejan ser responsables, predican el sentido de hermandad y generosidad hacia el prójimo; no se conforman en conmover a sus hijos con la palabra, sino que los arrastra con el ejemplo. Es así como la familia convierte el hogar en fragua generadora de verdaderos hábitos de disciplina que luego se traducen en etiquetas distintivas de los hombres y mujeres modelos de nuestra sociedad.

En nuestra sociedad tenemos dos clases de comportamiento muy comunes en niños y adolescentes. En el primero concurren todos aquellos huérfanos de padres vivos, víctimas de la irresponsabilidad paterna y materna, las víctimas de la desintegración familiar u hogares disfuncionales. Están en este grupo los niños y adolescentes con baja autoestima, con trastornos de personalidad, dificultad de aprendizaje, acomplejados y frustrados por falta de afectos. Además son agresivos y registran alta deserción escolar. Estos son los casos más comunes que, como caldo de cultivo, hacen vulnerables a estos seres humanos para caer en graves problemas psicosociales como son los vicios de alcoholismo, drogadicción, pandillerismo, robos y comisión de otros actos delictivos.

En el segundo grupo de comportamientos de niños y adolescentes están aquellos cuyos padres en el afán de brindarles lo mejor a sus hijos, parece ser que están faltando en el proceso de separación de individualidad y ayuda a sus hijos de crear su propia independencia.

Me refiero a los padres con complejo de papa y mamá gallina. Son muy permisivos y sobreprotectores. Se olvidan que amar o querer a los hijos no es satisfacer, cumplirles sus caprichos y resolverle todo en la vida, sino prepararlo para que sean personas autosuficientes, no seres humanos dependientes o inútiles.

Lamentamos que niños y adolescentes, provenientes de ese ámbito social, en números que se incrementan cada día, asumen comportamientos inadecuados y reprochables. Se manifiestan prepotentes, egoístas arrogantes, se niegan a colaborar en las tareas del hogar con el alegato de que su única responsabilidad es estudiar. Sinembargo son dependientes de sus padres y en la mayoría de los casos tienen bajo rendimiento escolar que se reflejan en las anémicas notas que alcanzan en los exámenes.

Es común ver que los muchachos de este sector social se consideran el centro del universo, creen que el mundo gira a su alrededor y que son los únicos valiosos e importantes. Es criticable que los padres de este grupo social no le hacen entender a sus hijos que deben actuar con responsabilidad, que tienen que cumplir sus compromisos, obtener buenas calificaciones en los exámenes escolares y colaborar en el hogar realizando determinadas labores domésticas.

Ojalá, señor director, no tengamos que seguir lamentando casos como el que aquí comentamos.

Atentamente,
Licda. Josefina Taveras Vargas.