Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, Ed. 495
Lunes 20, de mayo del 2013

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Destacan cualidades que adornaron la personalidad de Luis José Acra

Luis José AcraLic. Luis José Acra Chabebe en foto de archivo

Empresario por vocación y ejercicio, entusiasta animador de todo tipo de proyecto de desarrollo, Luis José Acra Chabebe fue el tipo de ser humano que se hace necesario en las organizaciones que tienen como objetivo fundamental promover e impulsar el progreso y el bienestar de la comunidad.

Al cumplirse el primer año de su deceso y al recordar el 23 de agosto su fecha de nacimiento, la Fundación que lleva su nombre rinde homenaje a su memoria, donando este plantel escolar al sector Santa Ana, ha preparado su semblanza biográfica que destaca las condiciones y virtudes que adornaron a este destacado hijo francomacorisano.

Luis José Acra Chabebe, nació en la ciudad de San Francisco de Macorís el 23 de agosto de 1941. Hijo de los esposos José Dájer Acra y Yesmín Chabebe, ambos de nacionalidad libanesa. Sus hermanos son Rullina, Edgar, Alba y Víctor.

Momento de un operativo en el Hospital Oncológico en una de sus presidencias del Club Rotario.

Momento de un operativo en el Hospital Oncológico en una de sus presidencias del Club Rotario.

Luis José Acra (cuarto desde la derecha) junto a compañeros Rotarios en el Hospital San Vicente de Paúl entregando equipos y utilerías para el centro de asistencia pública.

Luis José Acra (cuarto desde la derecha) junto a compañeros Rotarios en el Hospital San Vicente de Paúl entregando equipos y utilerías para el centro de asistencia pública.

Cursó sus primeros estudios en la escuela pública de San Francisco de Macorís y luego junto a su hermano mayor Edgar estuvo internado en el Colegio La Salle de la ciudad de Santo Domingo. Desde muy temprana edad su padre le inculcó el amor al trabajo. En las vacaciones de verano tenía que asistir al negocio familiar, donde ayudaba en el almacén a despachar las mercancías, e incluso tenía que limpiar.

Al terminar el bachillerato fue enviado a la ciudad de Berlin Massachussets a aprender el negocio de curtido de pieles, donde pasó un año aprendiendo tenería. Cuando volvió al país ingresó a la recién abierta Universidad Católica Madre y Maestra. Allí inició los estudios de Administración de Empresa los cuales después de haber cursado tres años los abandonó para dedicarse al trabajo. Luego de casarse y tener dos de sus hijos decidió volver a la universidad a terminar la carrera graduándose de Licenciado en Administración de Empresas en el año 1973.

Contrajo nupcias a la edad de 24 años, el 18 de junio de 1966, con la señora Denise de Moya Canaán, con quien llevó una relación no sólo de esposo, sino de amiga y con quien procreó cuatro hijos: Luis José, Denise María, Cynthia Antonia y Alex Ariel. Al momento de su muerte tenía ocho nietos.

Sus hijos lo describen como un padre extremadamente cariñoso, jocoso y juguetón. En su educación fue recto pero justo, motivándoles a la superación a través de los estudios y de la práctica de deportes como disciplina y entretenimiento. Fue un padre paciente, tolerante y presente. Siempre estaba disponible para ofrecer sus consejos, para ofrecer un hombro de apoyo y manifestarles su amor incondicional. Fue defensor de los valores familiares e inculcó el amor y respeto como pilares para la construcción de su familia. Les enseñó el amor al trabajo, del cual afirman que es el mayor legado que les ha dejado. Siempre les motivaba con “El que persevera, triunfa”. Sus hijos ven con orgullo el ejemplo dado como padre y lo consideran como el camino a seguir.

Como profesional fue un hombre perseverante, luchador incansable y motivador. No conoció el deporte hasta la edad de 40 años, cuando incursionó en la práctica del Golf, llegando a apasionarse de este a tal grado que podemos decir que en los 25 años que vivió, después de entusiasmarse con esta disciplina, jugó golf por lo menos el 90% de los fines de semanas del resto de su vida. Esta era su pasión y uno de sus hobbies, principalmente porque compartía con sus amigos y sus dos hijos varones, el otro hobbie que tenía era la lectura. Se auto alimentaba leyendo libros de motivación y crecimiento personal, de ahí es que adquirió la energía con que vivía.

Siguió los pasos de su padre y desde que pudo, formó parte del Club Rotario de San Francisco de Macorís, el cual presidió en dos ocasiones diferentes. También fue presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Provincia Duarte, y miembro activo de la directiva de la Asociación de Industrias de la Región Norte (AIREN), durante los últimos once años.

Fue una persona generosa, desprendida, buen consejero, siempre tenía tiempo para dar un consejo, dinámico y dueño de un ánimo tremendo y contagioso. Disfrutaba poderle servir a los demás. Su casa en San Francisco fue la casa de todo el que vino a visitarlo, todos sus amigos extranjeros que venían los llevaba allí. Presumía de ser el que mejor comía en el país; le daba su comida y obviamente le invitaba a dormir en la casa, sentarse con él en la mesa, era disfrutar primero de su compañía y su sabiduría y luego de todos los sabores posibles que cualquiera persona se pueda imaginar.

Luis José Acra Chabebe fue hombre cabal, honesto, amigo del amigo, padre de la juventud, no sólo formó a sus hijos, sino también a los hijos de sus amigos.

Apadrinaba escuelas, grupos organizados, todo quien podía servír para vivir recibía el apretón de su mano amiga.

Luis José Acra fue gran empresario y comerciante, llegó a recibir numerosos reconocimientos por su labor loable y desinteresada a favor del crecimiento económico de San Francisco de Macorís y del país.

Juguetón, risueño, cariñoso y con un alma limpia y noble que le afloraba en sus ojos y su sonrisa, su sentido del humor era soprendente, sabía equilibrar la rectitud con su afabilidad.

Apoyaba las comunidades por medio de las juntas de vecinos y los clubes de madres. Quienes se acercaban a este ilustre señor, no se retiraban con las manos vacías, pues una frase suya era un proyecto de vida, sobre todo para la juventud y los niños, los cuales eran su gran preocupación, hasta el hecho de soñar despierto con ese proyecto.

La escuela Luis José Acra Chabebe fue uno de sus más grandes anhelos, la cual visualizaba llena de niños, pero él que decía que viviría cien años, un día inolvidable Dios lo llamó a su lado y él partió, dejando una estela de seres crecidos tanto a nivel emocional, como en el sentido del bienestar material. Por esto y más es que no logramos plasmarlo con palabras, creemos que su memoria debe perdurar en lo que fue siempre en él un discurso coherente.

El 23 de agosto, es el día del nacimiento de este prominente ciudadano dominicano, entregamos a los niños y jóvenes del sector Santa Ana la escuela Luis José Acra Chabebe, para que la aprovechen como fuente de luz y conocimientos que contribuirán a forjar un futuro mejor para todos.

La pobreza del espíritu y económica sólo se supera creyendo en Dios y superándose por medio de la educación y los estudios. Abogamos porque este proyecto de educación que lleva su nombre sea un valioso aporte para el logro de esos objetivos que él deseó y siempre soñó . Un primero de agosto del año 2007, ese hombre bueno y laborioso que cultivaba la amistad como una religión, ese día inolvidable nos dijo adiós.

La escuela Luis José Acra Chabebe está situada en la calle José D. Acra No. 21