Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, Ed. 516
Miércoles 22, de mayo del 2013

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Metas de las familias dominicanas

Por Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes

Del Autor

Agueda Vargas

El autor es Director General del Consejo Regional de Desarrollo, Inc. (C R D), Abogado y Politólogo.
E-mail: vsocratespena@yahoo.es

Martes 21.07.2009
Para las transformaciones que ameritamos y urgimos, descubrir la importancia que tiene la familia como el lugar ideal para forjar los valores, es una meta alcanzable y necesaria para lograr un modo de vida más humano, que posteriormente se transmita en forma general a la sociedad y al Estado.

Para este cometido debemos tener en cuenta que los valores se viven en casa y se transmiten a los demás como una forma natural de vida, es decir, dando ejemplo, siendo de primordial importancia la acción de los padres, a fin de que, a los niños y jóvenes, se les pueden dar verdaderas lecciones de cómo practicarlo en su mayor expresión y dimensión.

El valor de las familias nace y se desarrolla cuando cada uno de sus miembros asume con responsabilidad y alegría el papel que les ha tocado desempeñar dentro de ellas, procurando no sólo el bienestar y felicidad de sus integrantes, sino también del entorno social del que forma parte.

Resulta pues necesario comprender que la familia debe sustentarse en la insustituible presencia física, mental y espiritual de las personas en el hogar, con plena disponibilidad al diálogo y a la convivencia, teniendo por soporte un esfuerzo consolidado destinado a cultivar y solidificar los valores en la persona misma, para que por su intermediación lo transmitamos y enseñemos, y a la vez, podamos establecer la paz, la justicia, la equidad y el desarrollo social que necesitan las generaciones presentes y futuras.

Asimismo, se hace vital resolver dentro de nuestros núcleos familiares, las gravísimas repercusiones que genera la práctica enfermiza del egoísmo dentro de ellas y en la sociedad en sentido general, procurando desarrollar en quienes las integran una vocación de bien y correcta visión social que les reivindiquen y dignifiquen, y a la vez, que les permitan cumplir los cometidos sociales que reclaman sus comunidades para poder encarar los males que les atacan y a que todos en general nos perjudican y agobian.

También estamos obligados a reflexionar en el sentido de que si bien es cierto que corresponde a los padres la responsabilidad de formar y educar a los hijos, estos últimos no quedan exentos de las tareas que deben asumir en pro de una sociedad mejor, sobre todo, por depender su éxito de valores que se aprenden en casa y se perfeccionan a lo largo de la vida, convirtiéndose en acciones que reflejan responsabilidad, confianza, sociabilidad y solidaridad.

Otra idea fundamental que debemos ponderar y tomar en cuenta, son los resultados positivos que muchas familias han encontrado en la religión y en la práctica de la piedad, como guía y soporte para elevar su calidad de vida, viviendo los valores humanos de cara a Dios y en servicio de los semejantes, teniendo en la fe un motivo más elevado para formar, cuidar y proteger a la familia.

Formar y llevar a las familias en un camino de superación constante, no nos resultará una tarea fácil, dada las exigencias de la vida actual, pero no es imposible, por tanto, es necesario dar orden y prioridad a todas nuestras obligaciones y aprender a vivir con ellas para una saludable supervivencia de los hogares y la sociedad, y sobre todo, para la conquista de los cambios que requerimos generar en todos los órdenes de nuestra nación.