Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, Ed. 516
Domingo 19, de mayo del 2013

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Editorial:
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=Muy personal=

Miércoles 15.07.2009
Un día pensé, luego reflexioné y me dije: Para qué darme a la faena de acumular bienes materiales si lo más importante que necesito para vivir no tengo que comprarlo o es lo que menos me cuesta.

Hoy día como fruto del trabajo productivo tengo más cosas materiales de las que necesito. Debo afirmar que materialmente es poco lo que tengo pero siempre comparto con otras personas cosas de las mías porque en verdad necesito poco.

Confieso que mi mayor fortuna consiste en que disfruto mi trabajo. Sé que con dinero se compra medicinas, no la salud; se consigue cama amplia y cómoda, no el sueño y se construye una mansión, no un hogar.

Considero que concentrar la propiedad de cosas materiales más allá de lo que necesita una persona, esclaviza; destruye la imprescindible sensibilidad humana y estimula el espíritu de la codicia improductiva que acumula sin sentido del valor de las cosas que se poseen.

Tengo 56 años de edad; 30 felizmente casado con Victoria Then Paulino, maravilloso ser humano nacido en La Joya-Loma de los Paulino. Celebramos la Boda de Perla este domingo 12 de julio con dos hijos que son verdaderos tesoros ciudadanos y dos nietecitos de oro.

Tuve el privilegio de ir a la Uasd donde estudié periodismo y educación. Por libre elección me dedico al ejercicio de uno de los oficios más bellos, dignos e imprescindibles para toda sociedad que se precie de democrática: el Periodismo Independiente o Plural.

Esta especie de inventario que usted lee, estimado amigo, lo escribo para ilustrar un párrafo del editorial Mecena de la educación de la edición anterior, en el que afirmé que la aspiración suprema del ser humano de ser feliz y vivir con dignidad tiene como plataforma y soporte la educación y, si es de calidad, mayores posibilidades tendrá de alcanzar esos objetivos existenciales.

Me gustaría que mis conciudadanos por lo menos pudieran disfrutar como yo de un estilo de vida modesto pero digno y fuésemos capaces de asumir un convincente grado de compromiso social que nos conduzca, sin prisa pero sin pausas, a la construcción de un futuro luminoso para este país.

Como soy parte de la masa de seres humanos que sólo ha tenido como recursos idea y voluntad para empezar la marcha, creo que incluído usted que ahora me lee, también es capaz de hacer lo mismo que yo para arribar al territorio de sus sueños.

Atentamente,

Adriano Cruz Marte