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Hay que frenar la delincuencia La frecuencia con que muchachos muy jóvenes se ven envueltos en crímenes debe mover a la colectividad a buscar formas que detengan la desenfrenada oleada de hechos repugnantes. La agresivad y la manera deportiva como actúan generan la sensación de que son seres sin sentimiento de culpa. Matan hasta para quitar un reloj o un celular. Hay que decir que estamos frente a una generación perdida. Pero hay que revertir esta situación que sólo conduce al desaliento. Alguien tiene que responder por las barbaridades que cometen seres imberbes, carentes del sentido de respeto a la vida. El derecho consagra la personalidad de la pena, es decir, nadie debe pagar por las acciones de otros. Sin embargo, por esos muchachos descarriados y en conflicto con la ley deben responder sus padres.
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